Vuelve, Tomás...

Tubigú

Durante mis años de periodista de sucesos y tribunales (que fueron una cuantos) siempre nos mirábamos con cara de póker, cuando policía e investigadores pronunciaban una frase muy manida: “estamos manejando todas las hipótesis”. Cuando oíamos eso, nos entendíamos sin palabras: todo está atascado, no hay respuestas.

Casi un mes después de la desaparición de las niñas Olivia y Ana, con su padre Tomás Gimeno, en Tenerife, no hay nada. Normalmente, en este tipo de sucesos, las primeras horas o días son fundamentales para resolver lo ocurrido. La policía está en este caso en un callejón sin salida. Pinta que Tomás, planificó perfectamente su huida con las niñas, porque soy de los que sigue creyendo que las niñas están bien en algún sitio.

La semana que viene (un mes después...) llega un barco sonar con un robot para rastrear fondos marinos, por si los cuerpos de las menores (que duro es escribir de esto...) estuvieran en el fondo del océano. En la punta de Anaga, a 700 metros de profundidad está aun la carlinga, con el cuerpo del piloto dentro, del helicóptero Sikorsky contra incendios, que se estrelló en 2007, con 6 personas a bordo.

Nunca ha podido ser rescatado, y las corrientes han arrastrado la carlinga millas y millas. Si las niñas estuvieran en el fondo del océano encontrarlas sería como que tocara el euro millón. Repito, que duro es escribir de esto. Pero bueno, es verdad que hay que transmitir que se está haciendo todo lo posible. Pero no hay, y me temo, no habrá respuestas.

Yo sigo queriendo creer que el padre, Tomás, contrató un velero o yate transoceánico y cruzó el atlántico con sus hijas (unos 14 días), después de dejarle un sobre con dinero a su novia, despedirse con mensajes de sus amigos y dejarles hasta enseres en forma de recuerdos. Rumbo a Uruguay o Chile, países en onormes, de etnia blanca donde él y las niñas pasarían desapercibidos.

De hecho, si quisiera volver, a día de hoy, y es lo que todos pedimos, probablemente ni siquiera iría a la cárcel. Vuelve Tomás...tus amigos (yo no te conozco...) dicen que eres un buen tipo y un buen padre. Demuéstralo. Hazle creer a esta sociedad loca y perdida de agresividad y hasta odio, que aún hay finales felices. Las niñas se lo merecen. Tú también.

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