Vayan ajeitándose...

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El presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, ha dicho que estaremos “preparados” para empezar a vacunar contra el Covid en enero. Que ganas y ...que miedo. Asegura que, en 2021, el 70% de los que aquí vivimos estaremos inoculados. El asunto se iniciará con el personal sanitario y los colectivos vulnerables.

Como suele ocurrir, el sarcasmo y el humor negro ya se han disparado, y ayer leía comentarios para reír o llorar, según se tome: “Yo recomiendo que la primera persona que debería beneficiarse del pinchazo fuera Pablo Iglesias, presidente “en funciones” del gobierno, por los méritos contraídos en la atención prestada a todas las residencias de ancianos españolas” ...sin comentarios.

O.… “¿Están asustados? Muy fácil, se la ponemos antes al trío Calavera (Pedro, Pablo y Simón) y a ver qué pasa. Es justo, ¿no?”. “No te olvides de Illa”, comentaba otro tuitero: “si como efecto secundario por la vacuna le brotasen cuernos y rabo, ni aun así, habría constancia de su funcionamiento”. Ya ven, la gente, aunque negro, no pierde el humor.

Ya en serio, los expertos consideran que “sea cual sea” su nivel de eficacia, la vacuna hay que ponérsela y que después del verano habrá un nivel de inmunidad suficiente para permitir rebajar algunas de las restricciones como la distancia social o el uso de mascarillas. Suena idílico, a Alicia en el País de las Maravillas.

Ya he oído decir a más de uno que la vacuna se la va a poner el Tato (y no es el Coneja). Que eso de meterse un chute de laboratorio, como que no. Que a ver si va a hacer peor el remedio que la enfermedad. Que los primeros 300.000 que se la pongan van a sufrir las 7 plagas de Egipto, y que el sarpullido y las cagaleras van a ser lo más suave que van a tener.

Hay mucha gente asustada, pero no va a quedar otra que “mandársela” y confiar en lo que dicen los expertos: que si una vacuna recibe la licencia de los organismos evaluadores es que se puede estar tranquilo, por que además se trata de un medicamento más testado aún que otros similares. La primera consecuencia de la persona que decide no vacunarse es que pasa a estar "en riesgo elevado" pues los virus como el Covid circulan de forma amplia y siempre acaban encontrando al tolete que no se ha vacunado. Así pues, no hay opción, la vacuna o la vida. Vayan ajeitándose...

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