Un Tenerife colista... y mezquino

El inicio del curso 26-27 provocó la creación de una primitiva Federación Canaria de Fútbol y la organización de un campeonato regional oficioso al que el Tenerife no se incorporó. Sí lo hicieron Iberia y Fomento como representantes del balompié tinerfeño. El Iberia se proclamaría subcampeón de ese torneo que ganó el Víctoria grancanario y así le arrebató la supremacía insular al Tenerife, que pagó su negativa a intervenir en una cita que había nacido con perspectivas poco halagüeñas, pero que adquirió regularidad.

Con la llegada de 1927, un Tenerife obligado a prodigarse en amistosos –casi siempre ante Santa Catalina y Hespérides, también ausentes de ese torneo regional– y que llegó a ejercer de 'sparring' habitual del Iberial, participó de forma activa en la creación del Subcomité Insular de Fútbol. Dependiente de la federación regional, adquirió autonomía y daría lugar a la formación de dos federaciones independientes en un año en el que, en septiembre, se produjo la división provincial de Canarias, hasta entonces una provincia con Santa Cruz de Tenerife como capital.

Presidido por Francisco Urzaiz (Iberia) y con el presidente blanquiazul Fernando Arozena como vocal, aquel Subcomité Insular de Fútbol organizó el llamado I Campeonato Regional de Tenerife, en el que participaron los 'cinco grandes': Iberia, Fomento, Hespérides, Salamanca y Tenerife. El conjunto blanquiazul lo afrontó sin Ángel Arocha, que tras hartarse de marcar goles a Fomento e Iberia en la interminable serie de amistosos que disputó el Tenerife... aceptó la irresistible oferta del Barcelona: 750 pesetas mensuales.

Así, el 4 de septiembre de 1927 se inicia el I Campeonato Regional de Tenerife con un triunfo (2-0) del Iberia –que recuperó a Rafael Morera tras no cuajar su fichaje por el Barcelona– sobre el Salamanca. Al Tenerife no le fue bien en el plano deportivo, aunque en los despachos dio un paso decisivo para entender su futura grandeza: Rodríguez Ortiz vuelve a dejar la presidencia en manos de Fernando Arozena, quien incorpora a su junta a dos figuras decisivas en la historia blanquiazul: Pelayo López (vicepresidente) y José Díaz Prieto (secretario general).

Eso sí, llegó a la penúltima jornada como colista, con una victoria y seis derrotas. Y con la perspectiva de ver al Iberia salir campeón en el Stadium, afrenta a evitar aquel 8 de diciembre de 1927, cuando el Tenerife alineó a: Cayol; Llombet, Pérez; Fortuny, Padrón, Barroso; Pedrero, Torres, Alfonso, Graciliano Luis y Rojas. Primero lo hizo con fútbol y luego con artimañas. Los goles de Alfonso y Rojas pusieron en ventaja al Tenerife y, mediada la segunda parte, con Gilberto Cayol como líder, aguantaba el ímpetu toscalero.

Fue entonces cuando Rafael Martín señaló un penalti que Morera transformó en el 2-1. Y como el empate que daría el título al Iberia parecía cuestión de tiempo... los jugadores del Tenerife acordaron que, cada vez que tuvieran el balón, lo despejarían con fuerza fuera del Stadium hacia el barranco de Santos. Los aficionados locales se sumaron a la fiesta: si algún balón quedaba en las gradas y no traspasaba los límites del Stadium, era impulsado hacia el barranco por los propios seguidores. A los 69 minutos se suspendió el partido “por falta de balones”.

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Gilberto Cayol, portero del CD Tenerife.

La Federación ordenó que tres días después, “a la temprana hora de las 9.30 de la mañana” se reanudara el partido “a puerta cerrada”. El Tenerife mantuvo su 'once', pero “amontonando jugadores junto a su portero y provocando una polvareda que dificultaba la visión del balón”. Además, ordenó abrir las puertas y 500 forofos asistieron a un choque al que sólo tenían acceso los árbitros, los directivos de ambos clubes y los miembros de la Federación. Y cuando la Guardia Civil desalojó a los aficionados, los incidentes interrumpieron el choque.

Eso sí, el Tenerife conservó su ventaja. Pero su apología del antifutbol aún sonroja.

Un par de semanas más tarde, el día de Navidad, el Iberia se aseguró el título... ante el Hespérides.