¿Por qué comemos bacalao en Cuaresma y Semana Santa?

No siempre conocemos el origen de nuestras más arraigadas tradiciones y alguno de ellos resulta, cuanto menos, más que curioso. 
Aunque parezca mentira, comemos bacalao en Cuaresma y Semana Santa... ¡fruto de una estupenda acción comercial
Según explica Gourmet Magazine News, es necesario remontarse al siglo XVI; durante la vigencia del Concilio de Trento. En la ciudad italiana se hallaba como delegado por Suecia del Concilio un cura llamado Olaf Magnus que mostró a otros curas del sur de Europa las bondades del bacalao sueco, cuya elaboración pasa por el proceso de salación con objeto de conservarlo mejor, consiguiendo así que el producto se convierta en objeto de importación. 
Ante la prohibición de comer carne en ciertos días y realizar algo de ayuno, no fue difícil que el bacalao, con sus proteínas, su poder saciante y su facilidad de conservación se convirtiera en el alimento deseado en esas fechas.
Si bien el rey de la mesa se puede decir que es el potaje de vigilia, lo cierto es que el bacalao salado, fresco, ahumado o en mil preparaciones es el pescado favorito de Semana Santa y Cuaresma.




¿A qué viene tanto dulce?
Con bocados energéticos como las torrijas, sencillo postre de elaborar típico en todas las Islas que suelen acompañarse de un chorrito de miel o caramelo, o nuestra versión de los pestiños sumergidos en miel, la clase trabajadora aguantaba las jornadas y, aunque en el presente ya no necesitamos ese aporte extra de energía, nuestras papilas gustativas no prescinden de los dulces típicos de Semana Santa.

Un postre a base de torrijas | IMAGEN DE LA RED
Torrijas | IMAGEN DE LA RED
Cada una de las Islas Canarias tiene sus propios postres típicos de la zona y de estas fechas, como pueden ser los bollos de boniato (típicos en la Semana Santa en la Isla de la Palma), la leche frita o los capuchinos, más identificativos de esta fiesta religiosa en La Laguna.
En muchos países de Europa y del resto del mundo, de tradición cristiana, los huevos suponen un juego de niños: se vacían y se pintan, escondiéndolos para que los encuentren. En la actualidad esta tradición se ha impuesto con la presencia de los huevos de chocolate.