Señor, dame paciencia

La película escrita y dirigida por Álvaro Díaz Lorenzo es una comedia y, según se aclara en el cartel de la misma, "una comedia extremadamente familiar". 
Sin duda alguna, lo mejor de la película es el guion, que recuerda al libreto de Ocho Apellidos Vascos, en cuanto al tono y a las temáticas sociales que trata con un humor bastante acertado. Es posible que la cinta sobre los vascos y los andaluces, que superó todos los récords de taquilla en España, haya abierto un camino diferente del que se pueden alimentar muchas comedias españolas, y para bien. 
Señor, dame paciencia es el dibujo casi perfecto en clave de comedia de muchos de los problemas que se están viviendo ahora mismo en España. Refleja los prejuicios, las divisiones sociales, las rivalidades e, incluso, el odio a los que tiene que hacer frente nuestro país si pretende seguir unido. 
Este mismo mensaje no es diferente al que se muestra diariamente en los informativos o en los diferentes medios de comunicación, pero el tono cómico produce una sensación de alivio en el espectador, algo que solamente consiguen las buenas comedias: hacernos reír sobre cosas que en realidad no son tan divertidas. 
El panorama político, social y económico de los últimos años en nuestro país ha dejado un ambiente de tensión, de la misma forma que España es heredera de las heridas de una guerra civil que todavía no han terminado de cicatrizar. 
Image
Los protagonistas del filme en el cartel de la película (Atresmedia Cine).
El tópico de que los españoles "tiramos piedras sobre nuestro propio tejado" es adecuado en algunos casos, no en todos. Las divisiones sociales y culturales son obvias y los problemas, evidentes. Pero también tenemos miles de cosas de las que sentirnos orgullosos. 
No voy a hablar de todos estos motivos de orgullo, sino del que procede en este caso: la comedia española y el humor implícito que hay en el carácter español. 
Por consiguiente, esperemos que la mayor parte de las comedias de los próximos años sigan la tendencia de Ocho Apellidos Vascos o de Señor, dame paciencia, porque son más necesarias que nunca, pues las diferencias y los prejuicios son menores cuando te reúnes con diferentes personas (cada una con su propia historia) en una sala a oscuras, enfrente de una pantalla de cine para compartir dos horas de una película que nos representa a todos.