Probióticos de farmacia ¿para qué se usan?

Según la Organización Mundial de la Salud, los probióticos son microorganismos vivos
que, administrados en la cantidad adecuada, son beneficiosos para la salud del  huésped. Los probioticos de farmacia se emplean en diversos casos como hongos vaginales, infecciones, cólicos del lactante... Pero en este caso os vamos a hablar de los

probióticos de farmacia que ayudan a regenerar o mantener el equilibrio de la flora intestinal y a favorecer la regulación del tránsito intestinal.
La palabra probiótico es de origen griego y significa “a favor de la vida”. Este concepto surgió en el siglo XX, planteando la cuestión de que comer productos lácteos fermentados favorecía la salud porque producía en el organismo bacterias beneficiosas que ayudaban a luchar contra el crecimiento de las bacterias perjudiciales. Ahí fue cuando comenzó a tenerse en cuenta la teoría de que los microorganismos útiles podrían modificar la flora intestinal. A estos se les dio el nombre de probióticos.

Ventajas de tomar probióticos de farmacia

Los probióticos ayudan al funcionamiento del aparato digestivo recuperando o ayudando a mantener el equilibrio de la flora intestinal. ¿Cómo lo hacen? Reforzando las defensas del organismo y aumentando sus niveles. Fortalecen el sistema inmunitario desplazando los microorganismos perjudiciales, evitando que se reproduzcan y formando los beneficiosos. Estos ayudan a la producción de vitaminas, de enzimas digestivos y a la absorción del hierro, el calcio y el magnesio, creando una barrera inmunitaria difícil de derribar.
Tomar probióticos contribuye a la mejora de trastornos digestivos habituales como pueden ser el estreñimiento, los gases o la diarrea. La mala digestión de los alimentos puede provocar ciertos síntomas que los probióticos ayudan a solucionar. Con ellos, el cuerpo absorbe mejor los nutrientes y favorece la digestión.
Además, provocan la producción de sustancias, como vitamina B y vitamina K, que el organismo necesita para su correcto funcionamiento. A la misma vez, contribuyen a la prevención de patologías relacionadas con el intestino, como alergias, y, en el caso de padecerlas, ayudan a paliar sus síntomas.
Los probióticos son beneficiosos para la salud por dos razones: porque son microbios ‘vivos’ y porque se administran en la cantidad adecuada para que cumplan su función al llegar al intestino grueso y al colon.
Cuando la flora bacteriana que posee el organismo se ha perdido o debilitado, se recurre a la ingesta de probióticos de farmacia para recuperarla. Además de los probióticos para el sistema digestivo, existen muchas clases de probióticos, cada una de ellas específica para repoblar la flora bacteriana de una zona del cuerpo.
Por ejemplo, los probióticos vaginales ayudan a acabar con patologías en la zona genital, como hongos o infecciones, y actúan aliviando los síntomas producidos, como escozor o picor, repoblando la flora bacteriana.
Con una mejor flora bacteriana se recuperan las defensas y se consigue que el organismo pueda hacer frente a las nuevas infecciones que se presenten, siendo más difícil padecer cualquier tipo de enfermedad y combatiéndola más rápidamente en el caso de que llegue a producirse.

Los probióticos ayudan al organismo a crear resistencias. Normalmente se administran en cápsulas, aunque también existen dosis en sobres o gotas. Los microorganismos que aportan promueven la salud del paciente que los ingiere, siempre que cumplan determinadas características: seguridad biológica, tolerancia a las condiciones ambientales del tracto gastrointestinal, ser capaces de colonizar el intestino y adherirse a la mucosa, y tener la capacidad de producir compuestos antimicrobianos.