GT Line, el Picanto más picante

Fiel a su promesa, seis meses después del lanzamiento de la última generación del Picanto, Kia incorpora a su catálogo la nueva versión GT Line. Esta edición ya despertó entonces nuestra curiosidad por lo que no hemos podido resistirnos a indagar ahora sobre todo lo que se dijo sobre sus excepcionales virtudes.

Su apariencia deportiva y astuta es toda una declaración de intenciones y sitúa al utilitario en situación privilegio, añadiendo a los criterios propios de un compacto urbano un desparpajo y valentía al alcance de muy pocas propuestas. La razón principal la encontramos alojada bajo su capó aunque para ser justos, nuestro protagonista supera al resto de versiones en todos los aspectos.

Su carácter deportivo es toda una declaración de intenciones y sitúa al utilitario en situación privilegio, añadiendo a los criterios propios de un compacto urbano un desparpajo y valentía al alcance de muy pocas propuestas

Lo fundamental es no perder la perspectiva. Se trata de un vehículo eminentemente de ciudad con todos los beneficios que ello comporta a la hora de circular por sus entretenidas calles. La probabilidad de encontrar aparcamiento crece como no se imaginan y lidiar con vías estrechas u obstáculos que limitan el paso dejan de ser, en muchas ocasiones, una razón más para disparar los niveles de estrés atribuidos a los problemas de tráfico.

Ello ocurre porque su arquitectura se mantiene fiel a la premisa de no superar los cuatro metros de longitud, algo que se agradece enormemente, siempre que el espacio no sea una cuestión que nos preocupe en exceso. En cualquier caso, Kia aporta su granito de arena a esta cuestión para, atendiendo a los metros disponibles, maximizar y compatibilizar comodidad con capacidad de carga. Si la necesidad de volumen en el portabultos aumenta, los respaldos de los asientos traseros se pueden abatir individualmente ampliando así la disponibilidad de hueco.

Todo ello sucede, y aquí radica una de sus singularidades, adaptando la ambientación al carácter deportivo del modelo. Así se crea un juego cromático con el negro como telón de fondo combinado con el rojo de los ribetes de los asientos, las costuras del volante, la cubierta de la palanca de cambios y los embellecedores de las puertas. Para el tapizado de los asientos se utiliza piel perforada mientras para los pedales y el listón que divide el salpicadero un tono metálico que aporta una nota de sofisticación.

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No todo son apuros y velocidad. El GT Line tiene también un lado amable con un patrón de flexibilidad muy arraigado | MOTOR EN LÍNEA

Su poder de seducción no se queda sólo en lo estético. De serie, el equipamiento es simplemente sorprendente incluyendo techo solar con apertura eléctrica, climatizador automático, volante multifunción y una generosa pantalla capacitiva. En esta, además de poderse replicar algunas de las principales funciones de nuestro teléfono móvil, se concentran los dispositivos de navegación, el sistema de sonido y la proyección de las imágenes de la cámara de visión trasera.

En la base de la columna central encontramos una toma de corriente de 12 voltios y conexiones Bluetooth, USB y auxiliar para integrar dispositivos externos. El usuario dispone a su vez de llave inteligente, válida tanto para desbloquear las puertas como para accionar el arranque y apagado del motor mediante el botón situado sobre el frontal del salpicadero, a la derecha del volante.

Lo mismo podríamos decir sobre su dotación de seguridad. Ya sabemos que ayudas como el arranque en pendiente o el indicador de baja presión de los neumáticos se han convertido en elementos de uso común. No lo es tanto el sistema de freno autónomo de emergencia capaz de detectar una situación de riesgo por colisión evitando o mitigando sus consecuencias mediante la activación automática de los frenos.

Diseño exterior

Nos hemos reservado para el final las referencias a su apariencia exterior y es que como ocurre en el habitáculo, trascienden de lo puramente ornamental para convertirse en una referencia ante las perspectivas que ofrece su motor tricilíndrico.

Los elementos extra de su diseño respecto a la versión convencional evocan fielmente la naturaleza de su propulsor de mil centímetros cúbicos y la capacidad para poner de relieve sus 100 caballos de potencia. Se trata no sólo de ser diferente sino también de parecerlo. Para ello la arquitectura más prominente del parachoques delantero permite además de ofrecer un aspecto de mayor aplomo la reubicación de los faros antiniebla, ahora integrados en el extremo de la parrilla inferior. Así el uso de las toberas laterales se centra en maximizar el flujo de aire que se cuela dirección a los frenos delanteros.

Como detalle distintivo, estas cuentan con un marco interior decorado en rojo. El mismo color se emplea para el fondo de la rejilla de ventilación superior, el embellecedor de las taloneras laterales y el listón que corona el difusor de la sección posterior, resaltando el color blanco que domina sobre el resto de la carrocería. Las luces delanteras cuentan con iluminación diurna LED, tecnología que también emplean los pilotos posteriores, y las llantas de aleación son de diseño exclusivo, con un diámetro de 16 pulgadas.

Es difícil pensar que con estas referencias las prestaciones de su motor puedan pasar desapercibidas. Son 172 Nm de par, lo que unido a su reducido peso hacen que las aceleraciones pero sobre todo las recuperaciones se conviertan en la envidia del paisaje urbano. La aportación del turbo es fundamental y sin bien en altas es un poco ruidoso, es el peaje que hay pagar para convertirse en el vehículo divertido y ágil en el que se ha trasformado.

No todo son apuros y velocidad. El GT Line tiene también un lado amable con un patrón de flexibilidad muy arraigado. Sólo hay que seguir las indicaciones del cambio de marchas del tablero hasta la quinta velocidad donde el rumor interfiere menos y si impone un patrón más flexible y eficaz. En cualquiera de los casos, el confort de marcha y el ahorro de combustible es un hecho.