Molinos de agua

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Las primeras datas sobre construcciones hidráulicas en Canarias revelan que ya habían sido realizadas aunque de manera muy rudimentaria por los aborígenes antes de la Conquista. Fue la nueva sociedad establecida quien aprovechando antiguas canalizaciones, mejoró y continuó ampliando notablemente su cobertura.

Si bien en sus comienzos, la tenencia de agua estaba reservada al propietario de las tierras debido a su poder y la necesidad de controlarla y distribuirla pero también fue quien al tiempo logró que se liberalizase y se convirtiese en una mercancía que se vendía, heredaba o donaba.

Las primeras acequias eran simples zanjas excavadas y reforzadas con muros de piedra, de mampostería o de cantería, argamasa y cal, aunque si el suelo era suficientemente impermeable, bastaba con labrarlas directamente en la roca.

Debido a la diversa y particular orografía de las islas, cualquier canalización de agua era un reto a la ingeniería y obligaba a combinar acequias, túneles, canales de madera, sillares de cantería y hasta pequeños acueductos, un conjunto de obras hidráulicas que eran mantenidos por ordenanzas Concejiles y Heredamientos, quienes se cuidaban de velar contra amenazas como roturas o robos o la simple limpieza de maleza o impurezas.

Posteriormente al desarrollo de aquellas pequeñas infraestructuras, se aprovechó también el acentuado desnivel del terreno para generar saltos de agua que suministrasen energía necesaria para el funcionamiento de molinos de cereales a partir del movimiento de ruedas motrices.

Los molinos de agua estaban constaban generalmente de una arquería de piedra que sustentaba el canal por el que llegaba el agua, compuesta por tres arcos de medio punto rebajados. La arquería terminaba en un cubo o depósito de agua con forma de pirámide escalonada, generalmente de planta cuadrada que hacía que por física básica se obtuviese una mayor fuerza hidráulica en la caída del agua desde la cota superior del edificio a la base, lugar donde se encuentra el bocín, que era el punto de unión entre el cubo y el chaboco, o cavidad en la que se molía el grano. El chaboco estaba situado en un edificio contiguo que se conocía como la casa del molino.

La casa del molino era un edificio de dos plantas, de estilo tradicional, con su correspondiente mampostería, vanos y techos de madera en donde la fuerza del agua movía dos piedras circulares llamadas rodeznos situadas en la planta baja, las cuales transmitían la energía para dar movimiento a las piedras de moler, que se encontraban en la planta superior de la casa y era donde se recogía el grano molido. Debido a que el flujo de agua era continuo, el cubo del molino tenía unos rebosaderos o aliviaderos laterales por los que se desviaba el agua a la contraacequia cuando se interrumpía el proceso de molienda.

hospiten1350oct2020

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