El escondite

Hoy, sin que sirva de precedente, me apetece compartir una "MicroHistoria" que es muy personal, y muestra que siempre, como nuestra magarza de la pasada semana, hay hierba que brota entre el más negro malpaís... 
Mi abuelo Federico, padre de mi padre, era "rojo". Tenía 31 años y formaba parte de la CNT, y eso, en los días después del 18 de julio de 1936, en Tenerife, era una sentencia de muerte. Pero él escapó. Varias veces. Y gracias a eso estoy aquí, escribiendo.
Le tengo que dar gracias al cura del pueblo de Taganana, Don Isidoro, porque intercedió por él cuando se le buscaba por el intento de incendio de la iglesia del pueblo. Pero, sobre todo, le tengo que agradecer a Francisco Siverio Alonso, el "azul" guardamontes de la Casa Forestal del Monte Aguirre, marido de mi tía-abuela Virtudes, que, jugándose su propio pescuezo, a pesar de la cómoda posición que tenía (era del "otro" bando) , escondió a mi abuelo y le entregó un revólver para defenderse. Cuando lo fueron a buscar a su casa de Taganana, Federico ya se había echado al monte, determinado a no dejarse prender.
Hace poco he conocido la segunda parte de esta historia. Y me he emocionado al pensar en la cantidad de veces que he estado ante esa destartalada y vieja casa forestal sin saber que mi existencia, hace no tanto tiempo, pendió del hilo que forman sus paredes.
Gracias, señor Guarda municipal, Francisco Siverio Alonso, que escondiste a mi abuelo en aquellos días de 1936. A tí y a todos los que, en cualquier lugar del mundo y en cualquier momento de la Historia, han puesto en riesgo su vida por salvar la de otros.