Mencey Bencomo

Tubigú

Hasta finales del S.XIV, la isla de Tenerife era un solo reino gobernado por Tinerfe “El Grande” cuya capital estaba situada en Adeje, Adexe, Dexe o Edexe.

Durante su vida, Tinerfe fue testigo de los repetidos desembarcos que se fueron produciendo en las costas del sur de la isla, protagonizados principalmente por monjes que viajaban por el mundo con idea de evangelizar. Aunque siempre hubo resistencia a la labor de aquellos monjes, ello sirvió para que cuando desembarcase Diego García de Herrera, los nativos ya estuviesen familiarizados con la presencia de extranjeros.

Al morir Tinerfe, la isla quedó sin gobierno y sus 9 hijos (Acaymo, Adjoña, Añaterve, Bencomo, Beneharo, Pelinor, Pelicar, Romen y Tegueste) acordaron repartir el territorio en 9 pequeños reinos, adjudicándose cada uno de ellos.

El menceyato más poderoso pasó a ser el de Taoro, que comprendía desde lo que es hoy La Victoria hasta San Juan de la Rambla, el terreno más fértil de la isla. Ello propició que Pelinor, Mencey de Adeje, siempre mirase a su hermano mayor con rencor debido a la decadencia que sufrió su reino, antaño el más importante de la isla, al igual que ocurriese con el resto de reinos del sur, quienes no dudaron en aliarse o ser neutrales respecto a los invasores cuando llegó el momento de la conquista.

Bencomo, sin embargo, se cuenta que durante toda su vida intentó seguir los pasos de su padre, propiciando la paz y concordia entre los diferentes reinos y por ello fue denominado “Mencey Justo”.

Fue cabecilla de los “bandos de guerra”, los menceyatos del norte que se opusieron a los invasores, y a los que acaudilló para ganar su primera batalla contra el ejército de Alonso
Fernández de Lugo en La Matanza de Acentejo, en mayo de 1494.

Tras aquella primera derrota, Fernández de Lugo volvió a la isla con un nuevo ejército en noviembre de 1495, encontrándose con la resistencia de los guanches en la conocida como Batalla de La Laguna.

Bencomo murió en aquella batalla, al igual que su hermanastro Tinguaro, quien no heredó tierras ni reinos pero a quien siempre concedió honores de rey.

Según el relato de Fray Alonso de Espinosa, “Entre otros peleó ese día valentísimamente el rey de Taoro, porque con una alabarda, dicen se defendió de siete hombres de a caballo, y al cabo se escapó dentre ellos y se subió por la cuesta de San Roque. Mas aunque destos se escapó, no pudo escaparse de un fulano de Buendía, que sin conocerlo ni saber que era rey (aunque él en su lengua se lo decía ser el Mencey, que es rey), como no lo entendiese, no le valió su reinado, que le pasó con la lanza en un barranquillo estrecho, do quedó..."

Con motivo del Quinto Aniversario de la fundación de San Cristóbal de La Laguna, se encargó al escultor José Abad una figura de Bencomo, que se halla instalada muy cerca de donde ocurrieron aquellos hechos.

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