Mascarillas andinas y amazónicas salvan de la crisis a artesanos de Perú

Desde que irrumpió la pandemia del COVID-19, varios artesanos se han reinventado en Perú para elaborar mascarillas de protección inspiradas en el arte tradicional de los Andes y la Amazonia, auténticas obras de arte que mantienen con vida a un sector paralizado tras la llegada del virus. 
Las mascarillas recogen los elementos de su tradición para lucirlos cara a cara, una original alternativa a los insulsos barbijos quirúrgicos de color azul o blanco que, con suerte, se pueden encontrar en las farmacias peruanas. 
En Perú son de uso obligatorio para salir a la calle, pero su escasez llevó a estas artesanas a diseñar las suyas propias y, casi sin querer, encontraron la manera de mantener activos sus talleres. 
"Era difícil encontrar mascarillas adecuadas. Entonces mi madre pensó en hacer unas de tela y a mí se me ocurrió pintarlas", explicó a Efe Violeta Quispe, quien junto a su madre, Gaudencia Yupari, regentan un taller de "Tablas de Sarhua". 

PATRIMONIO NACIONAL EN LAS MASCARILLAS 

Así, tanto en pintura como en bordado, madre e hija trasladaron a la tela los dibujos de esta expresión artística patrimonio cultural de Perú y originaria de Sarhua, un municipio de la región andina de Ayacucho, en el sur del país. 
Es tradición en ese pueblo que, sobre una madera vertical, se pinten a los miembros de la familia en sus labores diarias y que esta se cuelgue de la viga principal de la casa recién construida. 
Más recientemente, las tablas también han servido de elemento de memoria para recordar mitos andinos o cruentas escenas de violencia del conflicto armado que entre 1980 y 2000 enfrentó a las fuerzas armadas con el grupo terrorista Sendero Luminoso que tuvo su epicentro en la región de Ayacucho. 
Cuando Violeta y Gaudencia publicaron sus dos primeras mascarillas no se esperaban la calurosa acogida. "Ha sido masiva, muy positiva", manifestó Quispe, que vio como con los tapabocas volvían los pedidos al taller. 
"Poco a poco. Las piezas son elaboradas a mano una por una. Los bordados se hacen con máquinas antiguas a pedal. Nada industrial. Es la herencia de las tablas de Sarhua trasladada a las mascarillas", dijo Quispe. 
SIN CASI MATERIALES 
Lo hacen con serias limitaciones, pues por la cuarentena les es difícil conseguir materiales, y algunas vecinas que les podían ayudar se volvieron de Lima a Sarhua al quedarse sin ingresos. 
No obstante, ya tienen decenas de mascarillas con flores de vivos colores o con bordados similares a los de sus polleras, donde están representados elementos naturales como el sol, la luna, las montañas, los ríos y la flora. 
"Con las mascarillas puedo seguir difundiendo el arte que he heredado. Es como mi documento de identidad. Es lo que a mí me representa", apuntó Quispe. 
También las hay con mensajes en quechua o con lemas feministas como "Ni una menos", presente en la primera mascarilla de Violeta, que la muestra con orgullo, a modo de recordatorio para las mujeres que durante la cuarentena se quedaron confinadas con su agresor.