“Los intereses político-empresariales se hacen cada día más patentes”

Es imposible hacer un balance histórico del periodismo en Canarias y saltarse la figura de Zenaido Hernández. Su quehacer ya llenado cientos de horas radiofónicas y cientos de páginas de periódicos. Hoy en día se le puede escuchar en Radio Club Tenerife y leer en Diario de Avisos. Llegó a los medios impulsado por la curiosidad e ilusión, la misma ilusión con la que dice afrontar en la actualidad cada una de sus intervenciones. “El momento de ponerme delante de un micrófono sigue produciéndome vértigo”, afirma.

- ¿Cómo llegó a la profesión de periodista?

- ¡Uff…!. Esto va a dar para que escribas un montón. ¿Puedo extenderme algo? Bien, pues comienzo por decir que a estas alturas de la vida estoy en lo que llamamos periodismo sin percibir que he llegado a serlo. Lo digo porque cada día lo afronto con la misma ilusión y curiosidad con la que llegué. Trato de encontrar la respuesta a cosas que veo y por las que muestro interés.  Verás, desde que yo recuerdo escuchaba la radio y me interesaba por lo que traían los periódicos; entonces no había tele, y cuando empezó era en blanco y negro, la única; en sus comienzos había que imaginársela pues era borrosa, llegaba con la jerga árabe-marroquí y luego se le puso filtro para emular que tenía color y nos cautivaba con series como Bonanza o El Fugitivo. En nuestra infancia era frecuente encontrar por la calle a los repartidores, a  chicos que anunciaban la venta  El Día, de La Tarde, de La Jornada Deportiva... Daban voz a la noticia más sobresaliente que aparecía en portada.

Nací en el barrio Duggi de Santa Cruz y cerca de nuestra casa vivían dos grandes periodistas, Francisco Ayala y Antonio Martí. Eran personas muy respetadas porque escribían en los periódicos, y además lo hacían muy bien. Estábamos a un tiro de piedra de Radio Club, y una tarde, saltándonos la norma de no salir del marco de la Placita, bajé con mi primo Roberto a los estudios para ver lo que pasaba al otro lado; no sentamos en el suelo junto a otros niños, mientras se celebraba un concurso sobre tráfico y los locutores hacían preguntas. Recuerdo que era un salón de techos grandes y cortinas rojas, al que llegamos apretando el paso para subir por las escaleras. Había que contestar preguntas y cantar, acompañados por los maestros Juan Flores (piano) y Mena (percusión). Nosotros nos atrevimos con Lavanderas de Portugal...Nuestras primas lo escucharon y hubo consecuencias. Escuchaba la radio en casa de nuestra vecina Doña Mari, que me recordaba la hora del cuento con el Tio Pepote, que hacia el recordado Eloy Díaz de la Barreda. Más tarde, en casa, con nuestro equipo Grundig y los transistores de pilas que mi padre mandó desde Venezuela seguíamos todos los programas, hasta el momento final anunciado en la programación con la escueta referencia: Himno Nacional, Despedida y Cierre.. Mi madre nos citaba con tiempo para no perdernos el teatro en familia, que se emitía, creo, los viernes en la noche.

Cada mañana teníamos cerca El Día y La Tarde la recibían en la casa de nuestros amigos Santi y Loli, en la calle Progreso. Su padre, don Sixto la traía y yo, después de leerla, recortaba los artículos que me llamaban la atención. Mi padre, ya en Tenerife, me regaló una grabadora, con micrófono de mano, y hacíamos nuestras chapuzas recogiendo lo que se nos ocurría. Teníamos nuestro propio club juvenil; no éramos más de 12, y disponíamos para nuestras reuniones de la azotea de nuestra casa. Allí editábamos una pequeña y modesta revista, tan pequeña que solo hacíamos un ejemplar para cada uno de nosotros. La escribíamos a mano, con papel de calco por medio. Era el Club Churumbela, título que rotulamos con pintura azul en la fachada. Todavía nos preguntamos a quien se le ocurrió ese nombre; creo que fue a Manolo, Rosa y Chelo, hijos de padre sevillano y maestro tornero, que tenía un taller de fundición cerca del  Asilo de Ancianos, al que íbamos para que nos diera chapas de metal y piezas de cartón piedra con las que techamos de nuestro local donde criábamos gatos y hacíamos concursos. Solo unos años más tarde  nos integrarnos en el Club Joven 70, que se creó en el Colegio Salesiano por iniciativa de una persona extraordinaria, un catequista de lujo, promotor de iniciativas, el sacerdote Antonio Ruiz, cordobés de nacimiento. Tuvo el acierto de establecer ese espacio integrador entre los alumnos de aquel centro y cuantos desde nuestro barrio y  de otros colegios y zonas acudíamos allí, buscando un espacio de encuentro y de libertad.

"Siempre he procurado mantener mi manera de hablar, y si es posible fortalecerla con el empleo de nuestra variante canaria, con el español de Canarias, las voces y giros con las que todos nos entendemos"

Organizábamos en aquellos años del tardo franquismo, previos a la transición, obras de teatro, ciclos de cine, conferencias, bailes, excursiones, debates...Antonio Ruiz puso en marcha el festival de la Canción Blanca de Primavera, una campaña de alfabetización que desarrollamos en la zona de La Cuesta. y nos animó a crear un órgano de comunicación, la revista Nuevos Caminos. Allí nos pusimos muchos a la tarea de escribir sobre temas muy diversos. Teníamos una ciclostil-vietnamita y contábamos con todas las facilidades que daba el centro que incluía la formación en talleres de tipografía, del que salieron excelentes profesionales.
 
Casi al mismo tiempo coincidí con los hermanos Martín y Carmelo Rivero, también vecinos del Duggi,, y comprobamos que nos unían inquietudes similares que orientaban nuestros deseos de escribir para contar cosas y de esa manera adentrarnos en la historia y en lo que acontecía a nuestro lado. Yo había enviados algún artículo a El Día y ellos a La Tarde. No sé cómo, pero el caso es que nos propusimos formar un equipo y enviar trabajos a La Tarde bajo el seudónimo MCZ que de inmediato transformamos en  Grupo Martín Carmelo Zenaido. Teníamos a  nuestro favor el hecho de que ellos eran sobrinos de Paquito Martínez, que estaba al frente de la librería La Prensa que había fundado su padre el alcalde republicano Francisco Martínez Viera,  en la calle del Castillo, esquina Suárez Guerra. Pasábamos muchas tarde en aquel cenáculo de intelectuales. Por allí recalaban, entre otros, Luis Diego Cuscoy, Juan Álvarez Delgado, Carmelo García Cabrera, Manuel García Padrón,  Antonio Vizcaya Cárpenter, Rafael Delgado, Miguel Melián, Francis del Rosario...

Un día, con la recomendación de Paquito Martínez, llegamos a La Tarde y nos recibió don Víctor Zurita en su despacho; nos dijo empiecen a escribir y ya vemos cómo lo hacen. Nos dieron cancha y nos pusimos a la brega. Escribíamos de todo, entrevistas, reportajes… Hicimos unas serie de entrevistas memorables. Por las tardes, casi siempre los sábados, con la redacción vacía, nos colgábamos del teléfono y localizamos a personajes de primerísima notoriedad: Rafael Alberti, Miguel Angel Asturias, Ramón J. Sender, Camilo José Cela, Monseñor Guerra Campos, Pilar Franco…

De allí pasamos a Diario de Avisos, cuando se estableció en Santa Cruz de Tenerife. Pepe Capón y Leopoldo Fernández nos invitaron a formar parte de la plantilla, como colaboradores. Luego vino El Día, con Ernesto Salcedo; allí hacíamos, entre otras,  una doble página dedicada a la música popular que tuvo versión radiofónica en Radio Club con Juan Rolo como director y también en RNE con Pardellas y a nivel Nacional con Carlos Tena. Ya antes habíamos entrado en el programa de Genoveva del Castillo, Carmelo con sus poemas y yo con el grupo Amén que dirigía Roberto Cabrera.

Voy a parar ya, porque como te decía, este es un camino de largo recorrido y contándolo tan seguido me parece que sirve parar dar alimento a los que habitualmente se quejan de la largura narrativa. Hay que considerarlos y dejarlos contentos….

- ¿Qué futuro augura usted a los diarios en papel?

- Yo soy nativo de la palabra impresa y no me cuesta decir que la prefiero a la digital. Hemos entrado a paso enjuto en la nueva era, y nos vamos adaptando, asumiendo sus exigencias. Vamos admitiendo sus ventajas, pero lo hacemos poco a poco. Creo que, al igual que hoy y en el futuro más cercano, los diario en papel van a compartir espacio de atención con los lectores que pertenecen al contingente que Marc Prensky denominó nativos digitales.

Los periódicos han experimentado una disminución en la tirada. Las cifras de hace unos años, que no nos situaban precisamente en una posición de privilegio entre los países de mayor nivel lector, parecen hoy inalcanzables. Aun así todos acuden a lo que se edita en papel al comenzar el día y las informaciones que recoge la prensa alcanza mayor notoriedad y valor que la que surge en los digitales pues por lo general esta se volatiliza en la nube y que  parece intangible y frágil.

La jerarquía del papel sigue acaparando la mayor atención y considero que va a convivir con la digital en los próximos años. Este periodo largamente iniciado obliga a desarrollar más la capacidad del periodista, nos exige mayor preparación, dominar los contenidos, trabajar con más exactitud cada tema. El lector pide rigor y profesionalidad y desechará todo aquello que huela a demagogia. Podrá aceptar lo amarillo por un tiempo, pero si busca noticias querrá que lo que se le ofrezca sea fruto de una investigación rigurosa.

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 - ¿Qué es lo mejor de ponerse delante de un micrófono?

- Te confieso que ese momento me sigue dando una sensación de vértigo; es como si se despertara de golpe todos los sentidos. Recuerdo que comencé participando en el equipo de informativos de Radio Club, con Carmelo Rivero y que el primer programa que hice y que mantuve durante un tiempo en solitario se llamaba Campo Canario, título que puso Paco Padrón. Lo emitíamos en las primeras horas de la tarde, creo que de 3 a 3,30, de lunes a viernes. La sintonía era de Henry Mancini, de Desayuno con Diamantes. Como su nombre indica versaba exclusivamente actualidad agraria. Para mí no era especialmente difícil localizar los temas. Soy ingeniero técnico agrícola y trabajé como agente de Extensión Agraria, pero disponer de información diaria sobre temas del campo tiene su miga. Salía del trabajo a las tres y Radio Club estaba en el edificio de al lado. Llegaba con los minutos justos. Previamente había contactado con los invitados y disponía de una pequeña escaleta. En unos segundos estaba saludando a los oyentes y desarrollando los contenidos. Los primeros instantes eran de vértigo y me daban ganas de salir corriendo…

No he perdido ese nervio, ese temple inicial. que viene a ser una especie de mezcla entre cargarte de adrenalina y sentir un vacío inmenso delante de tus pies. Lo percibo por igual cuando presento un acto y recuerdo que en una ocasión hablando de esto con César Fernández Trujillo me confesó que le sucedía algo similar y consideraba que era necesario percibirlo y superarlo. Me dijo que el día que no sientas eso es mejor dejarlo. La radio te hace crecer y desde la humanidad, reconociendo las limitaciones que tenemos, hace que despiertes y esa vitalidad la hagas extensiva a los oyentes.

- ¿Cuál ha sido la situación más complicada que haya tenido que salvar delante durante una emisión en directo?

- Yo, y creo que como otros muchos que llegamos en la era que algunos han dado en llamar de Paco Padrón, nos hemos forjado en la espontaneidad. En contadísimas ocasiones he tenido que recurrir a la lectura de textos. Ese modelo de radio ha hecho que tengamos que pasar por muchos momentos difíciles, pero lo mejor que tengo es que los olvido fácilmente. Me quedo con lo mejor para evitar el machaqueo de la pesadilla, de sufrir con los recuerdos innombrables.. Afortunadamente en contadísimas ocasiones me he quedado en blanco, o me he encontrado con invitados que se cierran obstinadamente a la respuesta corta y dubitativa, con predisposición a no dar opinión o respuesta. Tengo por eso que agradecer a muchísimas personas su generosidad y ayuda.

"Soy radioadicto. Es el medio preferido en casa. Tenemos puesta la radio casi todo el día y tengo la suerte de que puedo seguir las emisiones en mi trabajo. La escucho también en el coche y lamento no poder oírla en la moto"

Lo peor es cuando dices un disparate, cuando te das cuenta de la metedura de pata que has hecho y sabes que no hay vuelta atrás, que aquello queda. Tratas de corregirlo y te empeñas con naturalidad en seguir adelante. Sabes que la perfección es un don de los elegidos y que en esa cofradía caben pocos, y  tu estas lejos de ese nivel. Así y todo te esfuerzas en hacer uso de un léxico claro, entendible, que comunique cercanía.

Siempre he procurado  mantener mi manera de hablar, y si es posible fortalecerla con el empleo de nuestra variante canaria, con el español de Canarias, las voces y giros con las que todos nos entendemos. Lo hago sin estridencias, alejándome todo lo posible de la chabacanería o del uso forzado de los términos que aun siendo nuestros observo que dichos de manera insistente originan rechazo.

- Es consumidor de radio habitual? ¿Qué escucha?

- Soy radioadicto. Es el medio preferido en casa. Tenemos puesta la radio casi todo el día y tengo la suerte de que puedo seguir las emisiones en mi trabajo. La escucho también en el coche y lamento no poder oírla en la moto. Un día me paró un municipal y estuvo a punto de multarme por llevar el auricular puesto. Desconocía entonces que no está permitido y desde entonces voy cantando. Así que, salvo en esos momentos,  estoy a todas las horas enganchado a la radio. Escucho preferente la SER y también RNE, en especial Radio 3 y Radio Clásica. Me apasionan muchos programas, tanto los informativos como las tertulias, los magazines. Entre mis preferidos están Ricardo de Cala, Miguel Ángel Domínguez, Pepa Bueno, Javier del Pino, Carles Francino, Ardiel Rodríguez, Puchi Méndez, Begoña Ávila, Elena Falcón…

¿En qué manera ha cambiado la forma de hacer radio durante los últimos 20 años?

- Hoy se impone la automatización, los formatos de mayor concisión en los mensajes. Las cadenas van ganando espacio horario con las emisiones que tienen carácter generalista y de alcance nacional y ello va en detrimento de la programación local. El espectro radioeléctrico tiene una mayor oferta, y la digitalización alcanza mayor cuota. Los medios tienden de una parte a la especialización y a la multimedia por otra, formando grupo para llegar a el mayor número posible de personas. El público es el que tiene la palabra y quiero pensar que sabrá imponer sus gustos y preferencias.

- ¿Las redes sociales distorsionan o son un arma de liberalización?

- Las redes se extienden y atrapan. Tienen de todo, como en botica. Ha sido una fiebre de fácil contagio, y observo que al paso del tiempo va quedando lo que merece ser salvable, frente al papanatismo y el disfraz de la ocultación que se ampara bajo el falso anonimato, con él que se atenta impunemente contra cualquier persona, por motivos inconfesables y amparado en intereses mezquinos.

En todo esto hay que decir también que nos encontramos con gestos altruistas, generosos, de muchos que ofrecen su opinión, que dan cuenta de sus impresiones y observaciones de la realidad sin otra pretensión que la de servir a los demás, y eso es muy loable. Yo lo detecto de inmediato y agradezco mucho lo que estos ofrecen, que en ocasiones me sitúa ante hechos que desconozco.

Hemos de aplaudir y alentar a los que usan y ofrecen a través de las redes su opinión, los que dan cuenta de hechos que en muchas ocasiones el periodista desconoce. Hace unos años el teléfono era la fuente de comunicación más cercana con los oyentes. En RCT teníamos oído atento a lo que nos ofrecían los oyentes que llamaban a la emisora. El flash informativo surgía como consecuencia de ello y facilitábamos, una vez contrastado los datos, aquello que podía ayudar en la circulación, lo que ponía en aviso ante un hecho que se acababa de producir. Hoy es el Facebook o cualquier otro cauce el que nos brinda esa posibilidad y es de agradecerlo enormemente.

"Yo soy nativo de la palabra impresa y no me cuesta decir que la prefiero a la digital. Hemos entrado a paso enjuto en la nueva era, y nos vamos adaptando, asumiendo sus exigencias"

- ¿Siente usted que los políticos intentar interferir en la labor del periodista?

- Observo que, bien por falta de medios o por la creciente dependencia económica, los intereses político-empresariales se hacen cada día más patentes. Sería de necios negar esa evidencia. El periodista sabe los márgenes entre los que se puede mover. Hay unos límites y unos principios que los determina el código deontológico, la base ética de cada uno. Por lo general no hay interferencia con los postulados que establece el medio. Puedo decir abiertamente que en muy limitadas ocasiones me he tenido que morder la lengua. Quizá he podido navegar sin tropiezos por el tipo de programas que hago, en los que la política suele quedar muy al margen; los contenidos que suelo abordar son de ámbito cultura, de tradiciones populares, de carácter humano…
Los periodistas observamos que cuando se aproxima el periodo electoral los contenidos se cuidan más. Quiero pensar que cada día el público es más cauto y que ese olfato se acentúa también entre las gentes, que saben dónde está la carne y donde el pescado.

- ¿La profesión de periodista es una capa que se lleva 24 horas al día? ¿Es sencillo desconectar?

- Los que estamos en esto por vocación difícilmente podemos desprendernos de ese impulso que nos lleva a olvidarnos de nosotros mismos y ponernos al servicio de lo que el impulso manda. Nos puede el deseo intervenir cuando observamos algo que creemos es noticiable. Ese impulso puede llegar a ser obsesivo y tenemos que buscar cortafuegos para desconectar. Sentimos curiosidad y un cierto afán por contar lo que vemos, por dar cuenta de esto o de aquello. En mi caso lo resuelvo llamando al compañero que está en antena en ese momento y dándole una pista. Pero no todo es trigo limpio y podemos llegar a ser molestos; no todo el mundo tiene igual sensibilidad... El tiempo nos dice con quienes podemos jugarnos los cuartos y con quienes mejor es dejarlo pasar…