Lo que no te cuentan: La formación académica del deportista

Tuvigú

Deporte y estudios son un binomio inseparable en los inicios de cualquier deportista. Desde edad temprana, es totalmente recomendable que el alumnado combine su responsabilidad académica con alternativas lúdicas y deportivas que les permitan obtener valores y habilidades ajenas de los libros. 

La sociabilización del menor es una parte fundamental en el desarrollo personal de cualquier niña o niña, sobre todo en su etapa adolescente, teniendo una gran relevancia en el autoconcepto y la autoestima del individuo. 

Además, adquirir hábitos de vida saludables desde pequeños les permite concienciarse de la importancia de cuidarnos, de evitar sustancias nocivas y dañinas para el cuerpo y esquivar los foros, reuniones y ambientes en los que las drogas son consumidas.

En la adolescencia el nivel de exigencia de los estudios aumenta notablemente, y muchos jóvenes se ven en la disyuntiva de elegir entre estudios o deporte. Una cuestión que desde la propia familia, clubes y federaciones debería disiparse, puesto que esa simbiosis es indispensable sobre todo en esta vital. El abandono escolar, en ocasiones motivados por entrenadores o padres que potencian las habilidades deportivas, suele conllevar grandes problemas en la etapa adulta del deportista, sobre todo, si finalmente no consigue participar en la élite. 

El entorno familiar o de amigos, las normas del club, federación o la disciplina deportiva practicada se convierten en variables participantes en esta decisión; y cualquier elección que no sea una combinación académica deportiva es equívoca.

Diversos estudios han demostrado que los deportistas que han continuado con una formación académica, incluso universitaria, y se convierten en profesionales o referentes en sus disciplinas deportivas, responden mejor ante diversas situaciones. Tienen una mayor capacidad de gestión del tiempo y del estrés, aciertan con un mayor porcentaje al acostumbrarse a la toma de decisiones, no sienten la ansiedad de triunfar porque se lo han jugado todo a una carta, sino que el éxito se convierte en una meta, un estímulo, una motivación…

Ante esta situación, las instituciones han apostado fielmente por la relación académica-deportiva. Las Universidades reservan un cupo para deportistas de élite, el Consejo Superior de Deportes invierte en la formación académica de deportistas de alto nivel mediante becas y subvenciones y federaciones, como la Real Federación Española de Fútbol, han diseñado programas específicos para las categorías inferiores de la selección, potenciando sus habilidades futbolísticas con sus responsabilidades educativas.

La vida profesional del deportista suele ser corta, alrededor de los 40 años según la disciplina deportiva, por lo que, en muchas ocasiones, la carencia de formación académica ha supuesto un grave problema de integración tras la retirada deportiva.

El deportista, sobre todo durante la adolescencia, necesita de un mentor, de un consejero que le recuerde que para llegar a profesional y alto nivel se requiere esfuerzo, perseverancia y motivación; pero sin que se olvide que su formación académica le aportará herramientas para su presente y futuro personal, en el deporte y en su vida cotidiana.

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