Las crónicas de Pérez Minik

Domingo Pérez Minik (1903-1989), primer Premio Canarias de Literatura, fue cronista deportivo en su juventud. Socialista liberal de formación autodidacta, don Domingo, como fue conocido en sus últimos años de vida, fue un genio difícil de clasificar. Crítico literario y ensayista, también estuvo muy vinculado al teatro, donde fue actor, director y también feroz crítico. Republicano declarado, estuvo en prisión de Fyffes durante la guerra civil. Antes había sido impulsor de la revista surrealista ‘Gaceta de Arte’, que dirigió su amigo Eduardo Westerdahl. Ya durante el franquismo fue autor de una extensísima obra escrita de la que se pueden rescatar ‘Entrada y salida de viajeros’ (1969) o ‘Isla y literatur’a (1988), donde se recogen más de un centenar de sus artículos.

Entre estas piezas antológicas escritas por don Domingo deberían figurar algunas de sus crónicas deportivas, en las que se hablaba de casi todo... menos de fútbol. Un ejemplo es la reseña aparecida el 14 de octubre de 1924 en ‘Gaceta de Tenerife’, donde se comentan los dos partidos jugados por CD Tenerife y Marino de Las Palmas los días previos “en los que todos, aficionados, jugadores y árbitros, sólo merecen censuras por su antideportivo comportamiento”. En el primer partido, que los blanquiazules ganaron 1-0 con gol de Ramos, Raúl Molowny fue lesionado tras la dura entrada de un rival, por lo que Minik califica al árbitro como “un inconsciente carente de energía para cortar el juego violento”.

Mejor estuvo el inglés Mr. Singler en el segundo choque, disputado un día soleado y ventoso. “No se sabe si es el paisaje quien buscó al árbitro o es el árbitro quien buscó al paisaje”, escribe. Este segundo choque lo ganó (4-1) el Tenerife, con tantos de Torres (dos), Antonio Pérez y Castellano de penalti. Aunque el héroe fue Emilio Baudet, quien detuvo dos penaltis ejecutados por Teodosio y González, estrellas de aquel Marino. En la primera parte, aún con 1-0 en el marcador, el Tenerife también desaprovechó una pena máxima con la que el árbitro sancionó unas manos de Oramas, protestadas por los jugadores marinistas, por lo que, según Minik, el blanquiazul Joaquín Cárdenes, al entender que la falta no era clara, “pidió tirar el penalti y, magnánimamente, lanzó la pelota fuera”.

En otra referencia al entorno del juego más que al propio partido, Pérez Minik lamenta el comportamiento del blanquiazul Graciliano Luis al ser expulsado, “pues antes de trasponer la valla de juego, en una alarde de soberbia, de un tirón hace trizas la camiseta y queda torax al aire”. Eso sí, mucho más polémica fue la crónica de don Domingo sobre el homenaje a Raúl Molowny, celebrado en abril de 1925 en pleno auge del fascismo y de los ‘camisas negras’ en Italia. Esa tarde, el Tenerife se enfrentó al Salamanca, que vistió totalmente de negro, por lo que los identifica como “representación espiritual de Mussolini en Tenerife”. Y destaca que, cuando saltan al campo, lo hacen “uno a uno y perfectamente separados. Sólo entonces emprenden una carrera pausada a través de toda la cancha”.

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Domingo Pérez Minik.

“No les falta para convertirse en verdaderos fascistas más que extender el brazo horizontalmente”, sentencia Pérez Minik, que ya entonces expresaba sus temores de que el fascismo se extendiera por toda Europa. Y que no desaprovechaba sus crónicas ‘futbolísticas’ para hacerlo saber. Así era don Domingo.