La relevancia del corcho en el vino: Curiosidades gastronómicas

Tuvigú

El monje creador del champán, Dom Pérignon, experimentó allá por 1670 con diversos materiales hasta dar con el más idóneo para “lacrar” la botella. Desde entonces, la industria vitícola ha descansado en el material que se extrae del alcornoque.

El corcho, adminículo o cosa pequeña y simple que se emplea como ayuda para algo según la definición en el del corcho, sostiene todo ese proceso mágico que culmina en la copa. Un corcho que haga bien su cometido colaborará con que el vino evolucione en forma exitosa, pausada y armoniosa.

Hoy los procesos están totalmente automatizados, basados en tecnología de espectroscopia de fase gaseosa para tapones naturales de alta calidad destinados a cerrar vinos ultra premium.

Portugal y España son las máximas potencias; según datos estimativos, nuestro vecino cuenta con una superficie de alrededor de 670.000 hectáreas de bosques de alcornoques, que se traducen en un 31 por ciento de la superficie de cultivo del mundo, por delante de España (24 por ciento), Argelia (19 por ciento) o Marruecos (19 por ciento).

Los cilindros para las botellas de vino (o espumosos) se obtienen de la corteza del alcornoque (Quercus suber), un árbol que crece muy despacio y no presenta un espesor adecuado y suficiente para la producción de los cierres hasta cerca de… ¡los 45 años de edad!

El primer paso consiste en separar la corteza del árbol, “pelar” o “destapar” el alcornoque, dañando lo menos posible las planchas para su posterior transformación y sin producir heridas en el tronco, ya que impediría la nueva formación del corcho en el siguiente ciclo de crecimiento.

Tras varios meses de secado, las planchas se sumergen durante varias horas en agua hirviendo para eliminar microorganismos e insectos y aumentar la elasticidad. Los corchos para botellas pasan por un proceso mecánico en el que se cortan los extremos y se alisa el cuerpo según tamaño y forma.

Se pueden marcar mediante fuego o tinta y reciben un tratamiento de parafina para facilitar su extracción, una actividad compleja y costosa con un único fin: conservar la calidad de los vinos en botella.

Los tapones sintéticos, alternativa a los de corcho natural, surgieron a finales de los años 80 como respuesta a la problemática del TCA; estos adminículos están elaborados con polímeros y rellenos de un material termoplástico con cualidades elásticas.

Desde hace unos años también existe la posibilidad de cerrar las botellas de vino con tapones de rosca, generalmente hechos de aluminio. En países como EEUU o Australia está muy extendido su uso pues los de corcho natural escasean.

La innovación en el sector gracias a los avances en conocimiento científico maximiza la calidad de los tapones de corcho natural, eliminando el fenómeno denominado “TCA” (característico sabor a corcho en el vino) a niveles por debajo del umbral.

Los consumidores siguen asociando el tapón de corcho natural con vino de alta calidad, pues es el más adecuado para preservar el perfil auténtico del contenido; el tapón de corcho constata un comportamiento mejor en evitar los defectos del vino causados por fenómenos como reducción o la oxidación.

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