La muerte en directo

“No me encuentro bien... Sigue tú”. Esas fueron las últimas palabras de Antonio Álvarez Alonso, consejero del Tenerife y responsable de la cadena de filiales del fútbol-base blanquiazul durante la rueda de prensa ofrecida en el Heliodoro Rodríguez López el 23 de mayo de 2005. Natural de Garachico, Antonio Álvarez era un hombre culto que tenía al fútbol como una de sus pasiones. Catedrático de Geografía en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de La Laguna, había sido vicerrector de Extensión Universitaria durante el cuatrienio 1999-2003 y apenas llevaba un mes ligado al club blanquiazul, del que era seguidor “desde muy niño”.

A los 54 años, Antonio Álvarez había aceptado por fin entrar en el consejo de administración del Tenerife, presidido por Víctor Pérez Ascanio. Y lo hacía para ocuparse de la parte formativa de los futbolistas. Había acudido ya a un desplazamiento a la Península como jefe de expedición, un Murcia-Tenerife, pero prefería trabajar alejado de los focos. Aquella mañana, no obstante, era obligado dar la cara: se presentaba, en rueda de prensa, la primera edición del 'Campus de Fútbol Suma 2005', una feliz iniciativa –que en 2018 tiene previsto celebrar su decimocuarta edición– en la que compartía protagonismo con Sesé Rivero. 

Poco después de las diez y media de la mañana, en la sala de prensa del Heliodoro empezó una rueda de prensa en la que Antonio Álvarez tomó la palabra para, en una brevísima intervención, introducir el acto y excusar la ausencia del entrenador de la primera plantilla, José Antonio Barrios, al tiempo que agradecía la presencia de su ayudante, Toño Hernández. Y sin más dilación cedió la palabra a Sesé Rivero, para que detallara las características del Campus antes de acordar alternarse en las respuestas, una vez que se abriera el turno de preguntas. Pocos minutos después, le interrumpió discretamente. “No me encuentro bien... Sigue tú”, le dijo. 

Entonces se levantó, intentó abandonar la sala de prensa, le hizo un gesto a Toño para que lo acompañara y cayó desplomado. Nunca más se levantó. Técnicos y periodistas trataron de socorrerle mientras llegaba ayuda médica. El personal sanitario se personó en apenas veinte minutos en el Heliodoro y le aplicó los primeros masajes cardíacos. Y poco después, tras la llegada de una ambulancia medicalizada, se desplegaron “todos los medios humanos y técnicos posibles, sin que fuera posible su reanimación, por lo que se determino su defunción por muerte súbita por desfibrilación ventricular en el contexto de un infarto de miocardio agudo”. 

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Momento de la trágica rueda de prensa

Dos días antes, en el Heliodoro, el Tenerife le había ganado al Cádiz (2-0) y se colocaba sexto en la clasificación tras encadenar una sobrebia racha con sólo una derrota en quince jornadas. El sábado siguiente cayó (2-1) en su visita al Málaga B, bajó a la séptima plaza y ya no volvió a ganar un partido en lo que quedaba de competición. De acuerdo: el fútbol, para muchas personas, puede ser lo más importante que hay en la vida. Pero nunca será más importante que la propia vida.