La expulsión de Paco Zuppo

Francisco Zuppo Núñez (1919-2010) fue un inquieto extremo derecho del Price y del Real Unión que estaba enamorado del deporte y de la tierra que le vio nacer. Sin jugar un solo minuto en el Tenerife, tiene, con todo merecimiento, la insignia de oro y brillantes de la entidad, que le impuso en los años noventa el presidente Javier Pérez. Y es que, durante décadas, Paco Zuppo fue un ejemplo supremo de ánimo constante, indesmayable, a los dos principales representativos de la provincia: el CD Tenerife y el equipo de baloncesto del RC Náutico. Aunque también prestó su apoyo al Real Unión e incluso fue capaz de 'encender' el Insular la histórica tarde de 1951 en la que Las Palmas logró su ascenso a Primera División. Porque Paco Zuppo, además de un hombre menudo, inquieto, conocido en todo Santa Cruz, que se movía por las calles de la ciudad a velocidad de vértigo, embutido en su uniforme de cobrador del Banco Hispano-Americano, era también un hombre bueno que no entendía del pleito insular y de divisiones entre canarios.

En la vieja cancha de la Avenida de Anaga o en el Heliodoro Rodríguez López, Paco Zuppo hizo del Riqui-raca –ese popular cántico que José Padrón importó desde Cuba– un verdadero arte y una seña de identidad de la afición blanquiazul. Desde los difíciles años de la posguerra hasta finales de los setenta, aquel hombre era el encargado de dirigir los gritos de ánimo de los seguidores del Tenerife. Colocado en el centro del terreno de juego antes del inicio de los partidos, su menuda figura, ataviada en ocasiones con una varita-batuta de director de orquesta, se dirigía a la grada de General al grito de “Una”. Luego, se giraba hacia San Sebastián y exclamaba: “Dos”. Y ya encarado a Herradura finalizaba la preparación: “… y tres”. Y entonces, el Heliodoro todo gritaba el Riqui-raca con una sola voz: “Riqui-raca / zumba-raca / sim-bom-ba / ra-ra-ra / Tenerife, Tenerife / y nadie más”. Quien lo haya vivido, no podrá olvidarlo jamás. Y luego, durante el partido, situado tras las porterías, no paraba de moverse, de agitar los brazos, de animar o de iniciar otro riqui-raca.

ImageFrancisco Zuppo, animando sobre el terreno de juego

Los árbitros hacían la vista gorda cuando, ya con los jugadores sobre el césped, Zuppo aparecía por el círculo central para dirigir el Riqui-raca. Y también le daban libertad para moverse tras las porterías, bajo las gradas de Herradura o General. Pero el 18 de enero de 1975, en un Tenerife-Cádiz, el partido se calentó más de lo habitual. Con los locales en zona de descenso y los andaluces a un punto del ascenso directo, el 1-0 anotado por Mauro no parecía suficiente y el colegiado aragonés, Emilio Soriano Alardén –que luego estaría 17 temporadas en Primera División y sería internacional– se convirtió en el centro de las críticas de los aficionados. Con cinco negativos y en zona de descenso, el Tenerife estaba obligado a ganar y cada caída en el área rival se reclamaba como penalti. Mientras, Zuppo seguía a lo suyo. Pero Soriano Aladrén interpretó que era él quien predisponía a la afición en su contra… ¡y lo expulsó! Eso sí, camino de los vestuarios, aún fue capaz de dirigir un Riqui-raca.