Historia de la cerveza: Productos Universales

Tuvigú

Es seductora tan sólo por esa apariencia a través del cristal, el color, la crema… Una bebida que cumplió su rol como alimento durante varias etapas de la historia de la Humanidad como la de los religiosos de la Edad Media que la elaboraban para su propio consumo durante sus tiempos de ayuno.

Su atractivo sabor, sus cualidades nutricionales y el hecho de que fuera fácil de preparar, además de que solamente fuera necesario el cereal, que era sencillo de obtener, hizo que la producción aumentara y comenzara a popularizarse, primero a través de huéspedes y peregrinos que pasaban por los monasterios y luego al resto de la sociedad, con lo que pronto se volvió una actividad rentable.

Pero, si nos hicieran adivinar su origen… ¿Adónde apuntaríamos en el mapa? Quizá podríamos contestar: ¿Alemania, Holanda, República Checa, Gran Bretaña…? Apuren que vamos más lejos: a la región de lo que hoy abarca Siria, Irak, Jordania, Israel, Líbano y Egipto. ¿Les asombraría saber que data de 10.000 años atrás la actividad de la fermentación de cereales?

Mesopotamia era región cervecera, aceptemos el guiño a la moderna, porque la civilización Sumeria, que nos legó la escritura, dejó constatada en tablas cuneiformes la receta más antigua. La cerveza llegó a ser moneda de pago, alimento, refugio contra las enfermedades y, a la vez, fuente de disfrute.

La denominaban Sikaru o Kas (“lo que desea tu boca”) y el arte de hacer cerveza y venderla estaba encomendada a las mujeres. Podríamos imaginarnos, claro está, una “industria” muy primitiva y obsoleta pero el caso es que el nivel de desarrollo que alcanzaron fue sorprendente.

Viajemos al antiguo Egipto: aquí se llevó la cerveza a una escala desconocida y tanto es así que sólo se superaría, siglos después, por potencias del sector como Alemania o EE.UU. Las sacerdotisas eran las encargadas de preparar la cerveza (Zythum).

El Libro de los Muertos, datado en 5.000 a.c. ya mencionaba esta bebida elaborada a base de fermento denominado Heneket y hay documentos que prueban que los obreros que levantaron las pirámides cobraban un salario diario que consistía en una ración de pan y… cuatro litros de cerveza.

Adquiere su ingrediente más moderno en el siglo XI: el lúpulo. Aunque esta planta trepadora, que llega a alcanzar los cuatro metros de altura, ya se cultivaba en Bohemia en el año 859, no fue hasta que la abadesa alemana Hildegarde (1098-1179) recomendó su utilización a las abadías benedictinas y comenzó a extenderse. El lúpulo no solo aportó el característico amargor que identificamos hoy con la cerveza sino que alargó su vida útil ya que es un excelente conservante natural.

No sería hasta el siglo XIX cuando Pasteur descubre con su microscopio que el “milagro” se debe a la levadura, un ser vivo unicelular que convierte el azúcar del cereal en gas carbónico y alcohol.

En la actualidad las levaduras son el secreto mejor guardado de los cerveceros; las cepas se guardan en cajas fuertes acorazadas y se protegen con patentes porque son el ingrediente que define el sabor de cada marca.

Así, la bebida más antigua del mundo, aparece en nuestro día a día en formatos apetecibles, servida en botellas o desde grifos de diseños asombrosos. Quizá por ello ni nos planteemos que es tan antigua como la civilización…

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