Goleada con nueve

Luis Padilla nos relata este viernes, una nueva historia del CD Tenerife, en el medio digital Atlántico Hoy. El resultado no dice nada; las circunstancias, sí. Fue un 3-0 al Deportivo de La Coruña en partido de vuelta de la Copa del Rey. Conviene aclarar que entonces, aquel 21 de septiembre de 1989, los gallegos estaban en Segunda División y el Tenerife, dirigido por Vicente Miera, había regresado meses antes a la élite del fútbol español después de casi tres décadas de ausencia. Se entiende, por tanto, que la victoria pudiera corresponder al equipo de mayor categoría. Y la goleada es incluso una opción lógica. Y si se añade que en el partido de ida se registró un 3-3, cualquier lector puede imaginarse la película del partido: un gol local en la primera parte, un adversario que se vuelca y la sentencia que llega en certeros contragolpes. De hecho, esta película no se aleja mucho de la realidad. Pero si este partido ocupa un lugar en la historia blanquiazul no fue por el marcador, sino por las circunstancias.

Así que vayamos con las circunstancias. El Tenerife jugó en inferioridad numérica desde el minuto 18. Y cuatro minutos después, antes de alcanzar el ecuador de la primera mitad, se quedó con nueve jugadores. Y durante más de una hora tuvo que luchar con dos futbolistas menos, nueve contra once. O nueve contra doce si entendemos que el colegiado andaluz Antonio Jesús López Nieto se alineó esa noche con el Deportivo. Su parcialidad encendió al Heliodoro, que pocas veces ha estado tan entregado a su equipo como en esta ocasión. Se rebeló ante la injusticia y fue indulgente con el error, comprensivo con el cansancio, generoso en el aplauso… Público y futbolistas alcanzaron ese jueves una comunión insospechada, porque para entonces los blanquiazules aún no habían ganado un partido oficial. Y algunos fichajes, como Felipe Miñambres, ya eran cuestionados. 

El Tenerife había sufrido en el partido de ida en Riazor ante un rival que –de la mano de Arsenio Iglesias y con futbolistas como Martín Lasarte, Fran o José Ramón– empezaba a oler a lo que con los años sería el SuperDépor. Al final, con goles de Guina, El Gharef y Rommel, el grupo de Vicente Miera arañó un empate en tierras gallegas. Para el choque de vuelta, el técnico blanquiazul prescindió de un centrocampista para jugar con un 4-3-3 muy ofensivo, como le reclamaba el Heliodoro: Belza; Isidro, Quique Medina, Francis, Revert; Toño, Guina, Luis Delgado; Felipe, Rommel y Quique Estebaranz. Apenas se había jugado un cuarto de hora de partido cuando Rommel adelantó a los locales. Un minuto después, López Nieto expulsaba a Quique Medina. Sólo un gol de Rommel (21’) logró que el público dejara de increpar al árbitro. Un minuto más tarde, Guina le dijo algo y también se fue a la calle. 

Image

Formación del CD Tenerife, temporada 89-90

Así que, con unos setenta minutos por delante, el Tenerife se encontró con un dos-cero a favor y un 3-2-3 para defenderlo. Con ese esquema no iba a ninguna parte y Miera prescindió de Quique Estebaranz para colocar a un defensa, Manolo Hierro. Y así sobrevivió primero y contragolpeó luego. A la hora de juego, Felipe Miñambres hizo el 3-0. Esta vez, sorprendentemente, López Nieto no expulsó a nadie.