Satori en París

A Jack Keroauc no le importa estar solo. Escritor extraño y esquizoide, entró en mi vida estando yo en estado de rigurosa sobriedad consciente mientras él flotaba en una tan comprometedora como divertida profunda borrachera, inmerso en ese desconcertante alcoholismo que conduce al ser humano por los vericuetos empapados de un mundo distinto al real. Él, me enseñó a perder el miedo. Escribir, lo que hay que hacer es escribir. El narcisismo vulgar será siempre un interminable lamento que nos terminará matando, entre indescriptibles dolores del alma. 

El penúltimo regalo creativo de Kerouac, antes de su fulminante y prematura muerte, es “Satori en París”. Una obra relativamente poco conocida como su poesía, que recordemos forma parte de un valioso y regenerador existencialismo. La palabra Satori, en japonés, significa la ausencia de mente racionalizadora y analítica, porque Satori representa, en el budismo zen, la iluminación repentina en la que solo existe el presente, convirtiéndose el tiempo en un simple concepto. Kerouac, llamado por el apetitito de hallar sus orígenes, viaja a Paris en busca de sus antepasados bretones, porque Kerouac es un buscador, un buscador desesperado y, en no pocas ocasiones, sin sentido. Vive, vive mucho, vive rápido y caóticamente. Nunca parece tener claras sus propias motivaciones, pero aun así no se acobarda y vive, dirige su acción siempre hacia algo. 

Ahora estamos en el verano de 1965 y nuestro genial escritor beat parece “inventarse”, en la construcción de su relato genealógico, otro gran argumento para vivir enérgicamente, pero vuelve a quedar atrapado en su propio funcionamiento autodestructivo. Jack Kerouac nada a contracorriente y se deja llevar por la marejada profundamente existencial, conformando una identidad humana que se desarrolla en dos planos bien distintos; el de la lucha y la incansable búsqueda y el del abandono de sí mimo. Kerouac, busca ese chispazo de iluminación mística que le proporcione la gran revelación del Satori, para calmar la ansiedad y finalmente ascender hasta la cumbre más elevada de la trascendencia espiritual. No encuentra, en su aventura parisina, el origen real de sus antepasados ni cree sentir ese “golpe revelador” de la iluminación del Satori. “Satori en París” es una travesía sin retorno hacia el caos, escrita con la brillantez de la espontaneidad sin prejuicios.

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Portada de Satori en París | VY