El Tenerife se convierte en SAD

Este 'once' es histórico: Javier Pérez; Adelardo de la Calle, Eugenio Ibáñez, Juan Amador; José Antonio Morales Castañeda, Eugenio Vera; Cándido González, Conrado González, Jaime Rodríguez, Enrique Fumero y Marino Santana. Aunque alguno era capaz de golpear el balón con criterio, por suerte nunca se pusieron la camiseta blanquiazul. Eso sí, ganaron muchos 'partidos'.

Ellos son los componentes del primer consejo de administración del CD Tenerife Sociedad Anónima Deportiva (SAD), constituido el 25 de noviembre de 1992 en el salón de actos de CajaCanarias. Esa noche acudieron 260 accionistas a la Junta General Extraordinaria, aunque representaban un total de 21.557 acciones. O lo que es lo mismo, un capital social de 215.570.000 pesetas. En definitiva, que había quórum, pues la cantidad suponía el 57,57% del capital total, cifrado en 374.460.000 pesetas.

La euforia generada meses antes por haberle quitado una liga al Real Madrid tras una épica remontada (3-2) en el partido decisivo hizo que, durante el verano anterior, en el proceso de conversión de la entidad en SAD, se superara incluso la cifra mínima exigida para evitar la 'desaparición' del Tenerife: 370 millones de pesetas. Porque de no alcanzarse esa cantidad y no completarse el proceso de conversión, el castigo era el descenso automático a Segunda División B... y eso suponía la desaparición del club. Y esa fue la amenaza vendida desde la directiva.

Gracias a ese miedo y a la posibilidad de obtener importantes descuentos a la hora de adquirir el abono, Javier Pérez y sus directivos, con protagonismo estelar para Adelardo de la Calle, lograron que los aficionados hicieran cola en el Callejón del Combate para adquirir sus acciones.

Mientras, en los periódicos se desgranaba una cuenta atrás, señalando en cada edición el dinero que faltaba para cubrir el capital mínimo y los días que quedaban para que acabara el plazo. Y aunque ningún aficionado podía adquirir más de ocho acciones, “para que el Tenerife no sea de nadie, sino de todos”, se logró el objetivo.

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Javier Pérez, en una rueda de prensa en el Heliodoro Rodríguez López

El candidato a la presidencia del consejo de administración de la Agrupación Deportiva Azul y Blanca era Javier Pérez, quien obtuvo el respaldo de 16.964 acciones, de las que 8.832 estaban delegadas a su nombre. Mientras, el Colectivo de Accionistas del CD Tenerife SAD concurría con Teófilo Bello como candidato y la representación de 3.761 acciones. Y ante la negativa de la presidencia a aceptar su exigencia de que el consejo de administración fuese elegido por criterios de proporcionalidad, abandonaron la asamblea.

Fue entonces cuando José Felipe Concepción, otro ex directivo que se había distanciado de Pérez, reclamó “la suspensión inmediata de la Junta General Extraordinaria”. “Seguimos”, se limitó a decir el presidente, quien también rechazó la petición de Bello “porque la comunicación que en su momento recibimos no cumple los requisitos establecidos por la ley”. Al final hubo “un consejo monocolor”, como se le llamó en su época. Con el once ya citado y la dirección de Javier Pérez. Y con unos éxitos imposibles e olvidar. Unos meses después, por ejemplo, el Tenerife lograba su primera clasificación para la Copa de la UEFA.