El primer doblete de Chalo

"Si hay hambre, una lenteja es banquete”, decían aquellos que vivieron la guerra civil española. Y a principios de la década de los ochenta, el Tenerife atravesaba un prolongado ayuno. Cualquier buena noticia se festejaba como un título. Entre denuncias, impagos, plantes, deudas y amenazas de desaparición había poco espacio para la felicidad. El descenso a Segunda División B había sido la puntilla para los aficionados blanquiazules, que con el tiempo se habían acostumbrado a vegetar en la categoría de bronce.

Por eso, en aquellos tiempos de penuria se acogió con entusiasmo la llegada al primer equipo de un joven delantero que procedía del juvenil Victoria. Era Gonzalo López Segovia, Chalo (Tenerife, 1962), al que Olimpio Romero le hizo debutar con 17 años y que meses después, ya en la temporada 80-81, explotó como goleador con Lamelo en el banquillo y el veterano 'Tigre' Barrios como abrelatas ante las defensas rivales... y especialista en controlar balones imposibles para dejárselos de cara y con todas las ventajas a Chalo.

Aquel curso, en su tercer intento de ascenso a la categoría de plata, al Tenerife le costó arrancar en el grupo I de Segunda División B, donde compartía objetivos con dos históricos que al final sí lograrían su meta: el Celta de Vigo y el Deportivo de La Coruña. La trayectoria liguera era irregular, pero el aficionado blanquiazul lo perdonaba todo porque un mes antes había celebrado en un Heliodoro abarrotado la eliminación en Copa del Rey de la UD Las Palmas, entonces en Primera División. Por cierto, con un tanto de Chalo incluido.

Sin embargo, la paliza sufrida en Balaídos (5-1) acabó con la luna de miel. Y el 15 de noviembre de 1980, los diez mil espectadores que acudieron al Tenerife-Logroñés recibieron a los blanquiazules con bronca, dispuestos a no dejar pasar ni una. Había que ganar y jugar bien. Lamelo apostó para la ocasión por un equipo formado por: Álvaro; Diego, Marín, Manolo, Marrerín; David (Andrés, 60’), Alberto (Paco, 60’), Salvador; Chalo, Barrios y Lolín. O lo que es lo mismo, trece tinerfeños, algo muy habitual en la época.

Image

Chalo, en un partido disputado en el Heliodoro.

La responsabilidad de ganar el partido recaía en Chalo y Barrios, que se repartían a partes iguales doce de los 18 goles que sumaba el equipo hasta entonces. Y que pese a su diferencia de edad –pues 'el Tigre', con 31 años, estaba de vuelta– se compenetraban perfectamente. Tras una hora de infructuoso dominio, una dejada del ariete la aprovechó Chalo para cruzar su remate a la red. Y pocos minutos después, Chalo cerró el encuentro al cabecear desde cerca. La victoria (2-0) y el doblete de Chalo cambiaron los silbidos constantes por unos tímidos aplausos.

Además, aquel doblete catapultó al delantero a la selección sub 19, con la que jugó en cinco ocasiones. Al final, ya se ha dicho, el Tenerife no logró el subir a Segunda División, pero Chalo acabó el curso con veinte goles y la afición descubrió una joya. En diez años como blanquiazul nunca se acercó a las cifras de esa campaña, pero celebró tres ascensos con Fuertes, Martín y Joanet como técnicos. El último de ellos, a Primera División, categoría en la que jugó cinco partidos tras debutar en un escenario mítico: el Santiago Bernabéu.