El Plan Seldon

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En 1951 Isaac Asimov escribió Fundación, en mi opinión una de las mejores novelas de ciencia ficción jamás escritas, y me atrevería a decir que un libro de obligada lectura. En un futuro muy lejano, con la humanidad diseminada por toda la galaxia, una civilización en decadencia está al borde de la desaparición. Un visionario, Hari Seldon, elabora un plan para sobrevivir concluyendo, tras elaborados sistemas matemáticos, que la civilización sobrevivirá, resurgirá de sus cenizas y llegará otra vez a su esplendor al cabo de varios siglos. El “Plan Seldon” guía a los personajes generación tras generación. En el periodo de decadencia da la confianza suficiente a los personajes que saben que su civilización “no puede ser destruida”. Según avanza la trama, esa confianza se convierte en dejadez y apatía ya que... hagamos lo que hagamos, Seldon lo tuvo que tener en cuenta por lo que alcanzaremos el éxito.

En España desde hace unos meses nos encontramos, como los personajes de Fundación, en la más pura complacencia en nuestro propio Plan Seldon. Sabemos que somos el primer mundo, ricos, sabemos que somos parte de la Unión Europea, y sabemos (porque nos lo han dicho) que el nuestro es un proyecto de éxito. Por eso, ni nos inmutamos cuando determinadas decisiones políticas siguen lastrando nuestra economía o cuando sabemos que podríamos tomar decisiones menos lesivas. Esa dejadez en la gestión de nuestros mandatarios ha llegado también a la calle: se renuevan bajas médicas a pacientes sin ni siquiera llamarlos (para evitar el contacto, lo he visto), total, somos ricos que más da (aquí mando un saludo a los médicos de atención primaría que sí están haciendo su trabajo y no dan abasto, que los hay muchos; a los que nos están haciendo su trabajo, no). Hay teléfonos en la administración pública que nadie coge (aunque el funcionario sigue cobrando) y servicios que no se ofrecen, también, para evitar el contacto (el contacto con la nómina al final de mes, este no se pierde). Hay servicios que deberían llevar meses abiertos y que ayudarían a luchar contra la pandemia (áreas recreativas en el monte, por poner un solo ejemplo), pero que siguen cerrados sencillamente porque es más fácil cerrarlo todo que hacer las cosas correctamente y con cabeza. En Cataluña se cierran los bares y se multa a un restaurante que decide plantarse e invertir 34mil euros en un máquina purificadora de aire (utilizada en el Clinic y en el Gregorio Marañón, entre otros). No, no, no, empresario malo, paga multa.

En definitiva, aunque se estén tomando las medidas más absurdas y más lesivas para nuestra economía, y aunque a parte de la población se le permita hacer de su capa un sayo y no dar el servicio por el que se les paga, no pasa nada. Tenemos cientos de miles de negocios cerrados, pero estamos tranquilos porque hay un plan superior que nos permitirá ser ricos y seguir cobrando una nómina indefinidamente. De hecho, parece que pensamos que los países africanos y del tercer mundo son pobres porque quieren y así están a gusto, los pobricos. Pues no, señores. No hay ningún Plan Seldon. Si seguimos destrozando la economía, si seguimos pagando sueldos a trabajadores que deciden, porque sí, no hacer su trabajo, si nuestros políticos siguen tomando medidas de brocha gorda en lugar de pararse a pensar y tomar medidas coherentes, entonces ni el propio Hari Seldon nos salvará.

Y para terminar, otra muestra del nivel que tenemos y hacia dónde vamos. El viernes se reunió el Pacto de Toledo (ese organismo que vela por la sostenibilidad de las pensiones). Entre varias conclusiones cito dos: quitar una serie de gastos “impropios” de la Seguridad Social para pagarlos con los Presupuestos Generales del Estado (PGE) y, que las empresas coticen por el aumento de productividad de máquinas y robots.

Sobre el punto 1 cito textualmente para que podamos observar el nivel que tenemos y la perversión del lenguaje: “El Pacto apuesta porque los denominados gastos impropios comiencen a ser asumidos por los PGE”. Primero, no hay gastos propios o impropios. La Seguridad Social (S.S.) paga tanto pensiones por viudedad, jubilación, como prestaciones por maternidad y muchos otros gastos, todos son gastos “propios” de la S.S. Este punto sería divertido sino fuera porque juegan con nuestro futuro: Siempre llego muy pelado a las vacaciones y pido préstamos para poder disfrutar esos días. La conciencia me mata, por lo que he decidido que los gastos de taxis de traslado al aeropuerto y los gastos de avión, los voy a catalogar como ‘gastos de viaje’ y así, los préstamos nos los pido para irme de vacaciones (por que fíjate tú que hay que ser crápula para hacer eso...) sino que los pido para gastos de viaje. Conclusión, mi sistema de vacaciones está saneado y me tomaré un mojito en la playa sin cargo de conciencia. Ese el nivel, ojo.

Segundo, lo de que los gastos serán asumidos por los PGE es un eufemismo que quiere decir que esos gastos los vamos a pagar con nuestros impuestos o que vamos a pedirlo prestado y ya lo devolverán nuestros hijos. Por supuesto, tendremos menos servicios y de peor calidad, pero bueno, como lo pagan los Presupuesto Generales del Estado, pues que se fastidien.

Y llego a lo de los robots. La comisión plantea que las empresas coticen por la productividad que consigue el avance tecnológico. En primer lugar, los robots ya existen desde hace años: se llaman máquinas, bienes de equipo, ordenadores, ... que nos hacen mucho más productivos por lo que nuestros salarios suben (¿alguien se imagina su trabajo y su productividad hoy sin ordenadores?). La innovación tecnológica existe, la disfrutamos y se ha demostrado que no destruye empleo sino que mejora nuestra calidad de vida. En resumen, quieren que si una empresa ha reinvertido sus beneficios en bienes de equipo (máquinas) y es productiva pague más. El 25% de impuesto de sociedades se queda corto; el 23,6% de cotización que paga la empresa sobre la nómina de trabajador también. Mejor gestionamos ese dinero desde un Ministerio... ese empresario innovador qué se habrá creído.

el sauzal

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