El lugar del Tenerife

El Tenerife 18-19 tiene un problema de gol. Un ejemplo: ante el Lugo remató en veinte ocasiones y apenas asustó a Juan Carlos, el portero del equipo gallego. Y por el camino dejó ir otra media docena de llegadas en las que ni siquiera acabó la jugada. En estos casos, la receta habitual es paciencia para generar confianza en los futbolistas y mucho trabajo táctico para diseñar automatismos que permitan generar situaciones de gol, amén de aplicar variantes en las situaciones de estrategia para aprovechar las opciones a balón parado.

Un cuarto de siglo después de la primera presencia en la Copa de la UEFA, la afición blanquiazul se divide a la hora de fijar los objetivos de la entidad

El Tenerife –así, sin fijar la temporada– tiene otro problema: no ha definido cuál es su sitio dentro del fútbol español y no tiene unos objetivos aceptados mayoritariamente por los aficionados. La entidad milita en Segunda División, eso es obvio, pero hay un importante sector de aficionados que entiende que ése no es su lugar natural, que está ahí por accidente y que su 'sitio' es la máxima categoría. Por contra, otro grupo de seguidores estima que el hábitat lógico del club es LaLiga 1|2|3 y acepta la situación actual sin reparos.

Sobra decir que ambos colectivos merecen el mismo respeto. Ni unos ni otros son más tinerfeñistas o mejores aficionados. Eso sí, a partir de esa diferencia a la hora de valorar cuál debe ser el 'lugar' del Tenerife, se genera una división que la entidad tampoco ha sabido corregir. En este aspecto, el pecado del club es mezclar con excesiva frecuencia mensajes llenos de ambición con discursos más conformistas. Y da la sensación de que los alegatos en uno o en otro sentido se suceden en función de los resultados o los acontecimientos previos.

Así, si un año se concluye que el Tenerife se ha quedado fuera de los playoffs “porque no fue ambicioso”, al curso siguiente se fija el objetivo en el ascenso directo. Y si se fracasa “porque hubo un exceso de presión”, se recupera el discurso del partido a partido. Y todo ello, sin tener claro cuál es el hábitat natural del equipo. Si su sitio está en la Segunda División y la élite es un premio al que aspirar... o si su lugar es la Primera División y la categoría de plata es un infierno del que hay que escapar cuanto antes y por obligación.

¿Cuál es mi opinión? Hace un cuarto de siglo informaba de las 'aventuras UEFA' del Tenerife, pero creo que su sitio es la Segunda División. Por historia, presupuesto, afición –sí, también tiene una afición de Segunda División– y plantilla, su lugar está en la zona media de la categoría de plata. Y es verdad que no debe renunciar al ascenso, pero también que ése nunca puede ser su objetivo prioritario, sino el premio a un buen curso. Y también creo que, coincida o no con mi punto de vista, el club debería tener claro cuál es su sitio.

Y a partir de ahí, formulo una obviedad dirigida a 'ambiciosos' y 'conformistas': la única manera que tiene el Tenerife de ascender a Primera División es estar en Segunda División. Y eso está ahora en peligro.