El incidente Barrios-Bombarda

Primer antecedente. José Antonio Barrios tiene dos pasiones: su familia y el Tenerife. Así, “el Tenerife a secas, sin Club Deportivo delante, sólo el Tenerife, el equipo de mi Isla”. En esa entidad deportiva fue jugador y entrenador. Y en algunas etapas lo hizo sin cobrar un duro, gratis total, algo que sólo harían tipos con la sangre blanca y azul. Y también ejerció como secretario técnico, delegado, directivo, vicepresidente o lo que hiciera falta. Y en el ámbito familiar siempre sintió devoción por su madre, muy enferma en marzo de 2005 y ya fallecida.

Segundo antecedente. José Antonio Barrios no hizo la carrera de diplomático. “Con un poquito de mano izquierda, un puntito de hipocresía y menos sinceridad me hubiera ido mejor en el fútbol”, reconoce. Y asegura, en un tono irónico, que “si algún día dieron la asignatura de diplomacia en la Escuela de Entrenadores, me debí saltar la clase”. A cambio, es amigo de sus amigos, leal, honesto y siempre va de frente. Aunque muchas veces enfrente haya un muro. Y aunque otras muchas veces ir de frente le haya costado algún disgusto. 

Tercer antecedente. El Tenerife, a petición de su secretario técnico, 'Lobo' Carrasco, había adquirido en el verano de 2004 a Mariano Bombarda, entonces con 32 años. Se trataba de un futbolista argentino nacido en Cádiz y que, tras triunfar en Holanda, estaba más próximo al retiro que a recuperar su carrera. Con la ficha más alta de la plantilla, no contó para Moré y no contaba para Barrios. Al final, en toda la Liga jugaría 245 minutos. En la despedida del curso, palabra de honor, se lesionó a los diez segundos de partido tras intentar un sprint. 

Cuarto antecedente. En marzo de 2005, los jugadores del Tenerife no cobraban con regularidad. Además, cumplido el límite del plazo fijado por el presidente Pérez Ascanio para abonar atrasos que en algunos casos se prolongaban desde el año anterior, el dirigente reconocía que no podía cumplir lo pactado y que “tampoco se podrá pagar en un futuro próximo”. Pese a todo, un equipo en el que Bombarda llevaba cuatro meses sin jugar un minuto, encadenaba siete partidos sin perder y había huido de la zona de descenso. 

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Bombarda, con la camisa del CD Tenerife

Hechos probados. El jueves 31 de marzo, plantilla y cuerpo técnico se reúnen en el vestuario para dialogar sobre la relajación observada en el cumplimiento de las normas de régimen interno de la entidad. Hay reproches y una discusión entre el entrenador y Bombarda. Nada grave hasta que el jugador insulta de manera obscena a la madre del técnico, que está ingresada en un hospital. Barrios agarra lo primero que encuentra a mano, una mancuerna, y se va a por el futbolista. Entre Edu Moya y el preparador físico, Jesús Suárez, evitan que Bombarda sufra daños personales.  

Luego, Barrios comparece en rueda de prensa y dice que el retraso en su aparición se debe a que “estaba haciendo la convocatoria y no sabía si algunos jugadores tocados podían viajar”. En ese momento, muchos redactores reciben ya filtraciones de lo ocurrido en el vestuario. Dos días después, el Tenerife –sin Bombarda– gana (0-1) en Almería, se coloca noveno y suma su octavo partido sin conocer la derrota.