El futuro laboral de una juventud salpicada por la pandemia

Tubigú

Vivimos sin guion de futuro; sin poder saber que es lo que puede pasar mañana o en los próximos años. Vivimos con la fuerza de voluntad, pero también con la esperanza e ilusión de que en un futuro no muy lejano en mundo vuelva a la normalidad en todas sus consecuencias. Sin embargo, el futuro de la nueva generación es más incierto que nunca. Sobre todo porque las ideas e ideologías políticas han ido cambiando con el transcurso del tiempo. Cierto es, que la pandemia de la Covid-19 ha tenido también mucha culpa, pues no en vano paró la normalidad de la vida de todo ser vivo en el mundo. Es por ello, que la llamada generación actual y venidera, no sabrá cual será su futuro hasta que el mundo vuelva otra vez a consolidarse de manera equilibrada en todo su organigrama funcional en la vida de los seres humanos.

El impacto de la pandemia del  coronavirus  en los jóvenes, la llamada "generación del confinamiento", está siendo "sistemático, profundo y desproporcionado", según advierte la  Organización Internacional del Trabajo  en su último informe sobre la situación de las personas entre 18 y 29 años en todo el mundo.

El Servicio de Empleo, Mercados Laborales y Juventud de la OIT entrevistó entre abril y mayo a 12.605 jóvenes -más de la mitad en Asia Pacífico, el 19,4 % en Europa y Asia Central, el 18,4 % en América, el 6,9 % en África y el 1,3 % de países árabes- para conocer los efectos que las restricciones impuestas para frenar la expansión de la COVID-19 han tenido en el ámbito educativo, el laboral y, en consecuencia, en la salud mental de las nuevas generaciones.

Según la organización, "es probable que los jóvenes sufran impactos graves y duraderos a causa de la pandemia", aunque los perjuicios serán más graves en países más pobres, en las personas de menor edad y en las mujeres. Por ello, la OIT advierte de la necesidad de tomar medidas para mejorar un futuro que se presenta muy incierto para la juventud mundial.

La pandemia se ceba con el empleo juvenil

La  situación laboral ha sido el ámbito más afectado  por la pandemia, según concluye la OIT. Con el confinamiento en marzo, la mayor parte de oficios que no pueden recurrir al teletrabajo cesaron temporalmente su actividad, como la hostelería, los servicios o las ventas. La OIT estima que uno de cada seis jóvenes (el 17,4 %) que trabajaban antes del inicio de la pandemia dejaron de hacerlo. El dato aumenta entre los jóvenes de 18 a 24 años, pues un 23,1 % de ellos vieron interrumpida su actividad laboral. En cambio, el 72 % siguió desempeñando su función laboral mediante el teletrabajo.

Más de la mitad de los que dejaron de trabajar lo hicieron por el cese de la actividad en sus empresas o el despido. De nuevo, los más expuestos al desempleo fueron los habitantes de países más pobres, aunque también los trabajadores del sector terciario. Además, las personas de entre 18 a 29 años tenían más probabilidades de perder sus empleos que los de entre 30 y 34 años.

Y aunque muchos siguieron trabajando, la calidad de vida profesional también se ha visto alterada. Además de horas extras, muchos afirman que su jornada laboral se ha acortado una cuarta parte, mientras que los ingresos se han reducido en dos de cada cinco (el 42 % de los entrevistados). Ante esta situación, la OIT advierte que la pérdida de horas de trabajo, ingresos y productividad expone a los jóvenes a riesgos en el mercado de trabajo a una "escala sin precedentes".

Los retos de la educación a distancia

El 74 % de los estudiantes siguieron el curso a distancia ante el cierre de los centros educativos, mientras que para el 4 %, el curso escolar acabó en marzo. Uno de cada ocho jóvenes se vio obligado a dejar de estudiar por la brecha digital, la mayoría (un 20 %), en países de bajos ingresos.

Con todo, el 65 % de los que acabaron el curso de forma virtual reconoce que ha aprendido menos en los últimos meses. De hecho, más de la mitad cree que tardarán más tiempo en acabar sus estudios y el 9 % de los entrevistados temen no completarlos. La ONU avisaba hace días de la "catástrofe generacional" que supondría no abrir los centros educativos en el próximo curso, porque se "podría desperdiciar un potencial humano incalculable, minar décadas de progreso y exacerbar las desigualdades", según su secretario general, António Guterres. “No tendré formación o experiencia cuando me gradúe“

En esta línea, la OIT alerta de los "retos" que supone la transición hacia un modelo educativo y digital en el domicilio por las diferencias en la accesibilidad a internet, las competencias digitales, la falta de espacio o de materiales tecnológicos. Pone como ejemplo el caso de Nadie Minhas, una joven de 20 años del Reino Unido que temer por su futuro universitario: "El mayor problema es el impacto en mi educación universitaria. Los exámenes alternativos son diferentes de los que habríamos hecho en nuestros cursos normales. Además, mi contrato de aprendizaje se canceló, lo que significa que no tendré formación o experiencia cuando me gradúe", señala en el informe.

Y es que, en buena parte del mundo, el debate sobre la reapertura de los centros educativos sigue rodeado de polémica: la docencia se impartirá online en universidades como la de Harvard o la de Cambridge, mientras que  países como España  o el Reino Unido pretenden retomar la actividad escolar presencial en septiembre.

Probabilidad de ansiedad o depresión para la mitad de los jóvenes

La frágil situación laboral y educativa ha afectado de pleno a la salud mental de los jóvenes por varios factores: las alteraciones en horarios laborales, la convivencia en algunos casos con la violencia de género durante el confinamiento, la interrupción de la educación y, en especial, la incertidumbre en torno al futuro. De hecho, el 50 % de los encuestados de entre 18 y 29 años reconocen que "posiblemente" sufran ansiedad o depresión, mientras que el 17 % dice que se verá afectado por ella.

Los problemas psicológicos son más frecuente entre los 18 y 24 años de edad, mientras que los mayores de 30 años afirman padecer menos. Además, los que han dejado de estudiar o trabajar tienen casi el doble de probabilidades de padecer ansiedad o depresión que los que se mantuvieron activos.

Derechos alterados y nuevas vías de activismo

Aunque todos los encuestados reconocieron la necesidad del confinamiento para frenar la transmisión de la COVID-19 y reducir la presión asistencial, también han visto sus vidas alteradas por las restricciones. En concreto, los ámbitos que más han cambiado están relacionados con la libertad de movimientos y los derechos a la participación en asuntos públicos. Uno de cada tres asegura que este último se ha visto menoscabado, mientras que el 27 % afirma haber sufrido dificultades para ejercer su libertad de religión o de culto. Además, el 24 % de los jóvenes cree que la pandemia ha afectado su derecho a acceso a la información y el 21 % considera que se ha agravado su derecho a la vivienda.

Otras actividades alteradas han sido los voluntariados o el activismo social, aunque muchos han recurrido a la tecnología para seguir desempeñándola. Es el caso de Mari-Lisa Njenga, una joven de 20 años de Kenia que se unió a la Cruz Roja y trabaja como voluntaria en un servicio de asesoramiento en línea sobre la salud mental.

El coronavirus SARS-CoV-2 ha cambiado la vida tal y como se conocía en cuestión de meses en todo el planeta. En el caso de los jóvenes, el 38 % confiesa sentirse inseguro ante sus futuras perspectivas profesionales, mientras que un 16 % siente temor ante el futuro. Con todo, la juventud reconoce que la única vía para vencer la pandemia, es por el momento mantener las medidas sanitarias y las restricciones impuestas en todo el mundo.

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