El almuerzo de La Ermita

El CD Tenerife mantiene una eterna deuda de gratitud con Paulino Rivero Baute (El Sauzal, 1952). No se la podrá pagar mientras el que fuera durante ocho años (2007-2015) presidente del Gobierno de Canarias sea visto como un referente social o institucional. Y haría mal en intentar hacerlo porque la entidad no le debe nada –o nada que no le deban otros equipos canarios de la misma categoría– a Rivero por su condición de político. Le debe mucho por su condición de tinerfeñista. Y como tal actuó cuando vio que su club, que su Tenerife, se había quedado sin presidente, sin directivos y sin rumbo. Y que estaba más cercano a la desaparición que a un simple descenso deportivo a la Segunda División B.

Así, el 28 de enero de 2006 citó a medio centenar de empresarios tinerfeños en el restaurante La Ermita (El Sauzal) para que arrimaran el hombro... y ayudaran económicamente al club. Influyó su corazón blanquiazul y, obviamente, su condición de destacado político, con los cargos entonces de alcalde de El Sauzal y diputado nacional. En todo caso, les arrancó el compromiso de ayuda al Tenerife. Y también les arrancó dos millones de euros para recuperar los terrenos de la Ciudad Deportiva, ubicada en la zona de Geneto-Los Baldíos. Un espacio que el consejo de administración presidido por Pérez Ascanio había puesto generosamente en manos de los empresarios Ambrosio Jiménez, Antonio Plasencia e Ignacio González.  

La recuperación de los terrenos llegaría a través de la constitución –con el imprescindible beneplácito de CajaCanarias, principal acreedor de la entidad– de Tenerife Inversiones y Proyectos Deportivos SA, lo que popularmente se conoce como 'la promotora del Tenerife', creada ese día en el restaurante La Ermita. Y allí, ese mismo 28 de enero, mientras el Tenerife empataba (0-0) en Tarragona ante uno de los gallitos de la Segunda División, se creó también una junta gestora encargada de poner en marcha la promotora y en la que figuraban, entre otros, Amid Achí, Juan Fuentes, Pedro Suárez, Martín García Garzón, Ram Bhawnani, Fernández Farragú o Javier Zamorano. En la foto salieron más... pero el dinero fue cosa de ellos. 

También estaba en la relación de gestores un discreto empresario de la construcción llamado Miguel Concepción Cáceres, del que sólo se sabía que había ido en la plancha de Javier Pérez en las elecciones de diciembre de 2002 y que ya entonces era el máximo accionista del Tenerife. Tres semanas después también sería presidente de la entidad blanquiazul e iniciaría la reconstrucción de una institución inmersa en una brutal crisis deportiva y social… y con una deuda cercana a los sesenta millones de euros. La desaparición era el más que posible destino de aquel club y nada de lo ocurrido a partir de entonces hubiera sido posible sin la intervención de Paulino Rivero y sin la celebración del almuerzo de La Ermita. 

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Paulino Rivero llegando al almuerzo en La Ermita

Porque antes de ser alcalde de El Sauzal, antes de ser consejero de Deportes del Cabildo de Tenerife, antes de ser diputado nacional, presidente de Coalición Canaria o presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero ya era un 'birria'.