José Moro: "El maridaje perfecto depende de la persona con quien se esté en ese momento"

1,2 millones de botellas al año que exportan a 70 países. Representa la tercera generación de viticultores y es el presidente de Emilio Moro, una de las bodegas más importantes y rentables de Ribera del Duero. Cepa 21 es uno de sus emblemas más “sonoros”

-Usted ha visto pasar, como pocos bodegueros, el “convoy” de la evolución en el panorama vitícola hasta los días de hoy en los que se relaciona tanto el vino con la cocina. ¿A su parecer, cuáles han sido los cambios clave, imperceptibles para la gran mayoría, y que usted sí ha detectado por su experiencia? 

-En España tenemos una gastronomía excepcional, acorde a la calidad de sus vinos. Hay rincones como Beret, en el Valle de Arán, que además de emocionar con su gastronomía uno es capaz de desconectar. Lo mismo ocurre fuera de España. Pero sobre todo y centrándome en tu pregunta, me entusiasma cómo el concepto de las tapas está expandiendo la gastronomía española por el mundo. Y con ellas, los vinos y nuestro carácter festivo.

 
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-En este tipo de entrevistas se suele aludir a “tags” previsibles: viñedo, raíces, territorio, familia,… Yo quería interesarme, grosso modo, lo que supone en clave de las finanzas.

-Estamos mejor que nunca. La marca Emilio Moro vive uno de sus mejores momentos. La crisis nos ha servido para salir al exterior y exportar. Ahora vendemos aproximadamente el 20% del producto fuera de España, en más de 54 países. En Estados Unidos tenemos importadora propia; estamos en Sudamérica, con grandes crecimientos en México, Colombia o Perú; asimismo, en Europa y en el mercado asiático.

-Particularmente me fascina el Cepa 21. ¿Cree que podría afinar una definición con solo dos adjetivos?

Original y elegante.

-Hecho esto, ahora sí me quedan las ganas de que amplíe más sobre esta vinificación mítica.

-La marca Cepa21 nació como un sueño y solo después de muchos años de trabajo y esfuerzo estamos en condiciones de afirmar que, por fin, ese sueño se ha hecho vino, sin duda es el mejor momento de la marca; por fin tenemos ya el viñedo, las claves de vinificación, de la crianza y los criterios de calidad definidos. En estos momentos Cepa21 es un vino con un pasado, con su evolución y crecimiento, tiene un presente y ahora está en su plenitud, y por eso estamos convencidos de que también tiene un gran futuro.

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-No sé cuál será la media de viajes a diferentes países, que será sorprendente. Cuéntenos alguna particularidad de algún destino que, a día de hoy, le siga sorprendiendo como el primer día.

-En los últimos años, he pasado una media de 200 días fuera de casa. Cada lugar tiene sus peculiaridades y, de todos, se aprende. En cada país que visito, lo primero que hago es hablar de España. Viajo por los cinco continentes y me voy dando cuenta de que, además de hacer las cosas bien, hay que saber venderlas. De ahí que resulte tan importante coger la botella, colocársela bajo el brazo, recorrerse el mundo tienda por tienda y hacer lobby con sumilleres y consumidores con el fin de que los vinos españoles obtengan el reconocimiento que se merecen. Y en eso hemos sido vagos, por eso estamos tardando en llegar. Las estanterías del mundo no están proporcionalmente colocadas de acuerdo a la importancia de los ejemplares. En el caso de España es injusto, porque éstas deberían ser más grandes. Sobre todo, cuando hablamos de relación calidad-precio, el nuestro es el mejor país del mundo, pero hace falta saber vender lo que tenemos.

-No me resisto al topicazo. ¿Cuál es la “niña” de sus ojos en cuanto a referencia de vuestra firma se refiere?

-Cada una de ellos me muestra su forma de ser. Son como los hijos. E incluso cuando tienes uno con dificultades, no tienes que venirte abajo, sino ayudarle a salir adelante. Los jóvenes me muestran más alegría, más jovialidad, más frescura. Los crianzas, otra armonía. La gama más alta, los maleollus, la madurez de la vida, el saber estar, el saber escuchar. Si me preguntas por uno en concreto, sería nuestro Clon de la Familia, el vino que colma nuestras expectativas de calidad y que, además, es solidario. Este vino es el que mejor representa la manera de ser de la familia Moro, que ha sabido conservar la “vieja esencia” del majuelo y le ha sabido dar una fuerte personalidad.

-¡Fíjese qué pregunta! Si mastica una variedad uva en concreto, ¿cuál es la que con más fidelidad se va a plasmar en el vino?

-Uva moscatel, ya que tiene la uva un marcador aromático muy intenso que luego se ve reflejado en los vinos. En la tempranillo u otras variedades tintas, esto se hace menos evidente.
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-Hablábamos de sus largos recorridos por el planeta. ¿Recuerda algún maridaje realmente curioso con alguno de sus vinos?

-El mejor maridaje que he probado son dos huevos con patatas y un Emilio Moro 1989 en compañía de mi padre. Hay ocasiones en las que el maridaje perfecto depende de la persona con la que se esté.

- Sí me interesaría saber su valoración sobre la profesión de sala que mima al vino y a la bodega en restauración: la sumillería.

-El sumiller juega una parte fundamental a la hora de servir el vino en la mesa, a la temperatura correcta, etc. Pero yo creo que debe de ser el comensal el que tiene que tomar algunas decisiones, como por ejemplo, si se decanta un vino o no. El sumiller tiene que tener una psicología especial para saber qué vino está buscando el cliente. Y es fundamental que hablen con sencillez para llegar al consumidor.

-Espero que, más que entrevista, esta oportunidad haya constituido una conversación afable, como suele ser la tónica con usted. Díganos algún motivo por el que brindar con un Cepa 21.

-Brindemos por el esfuerzo. Siempre he pensado que no se consigue nada sin él.