Descenso entre tinieblas

Una semana antes, en el Insular, el Tenerife había ganado (0-1) un partido vital para el sentimiento, pero prácticamente inútil para la clasificación. El tanto de Marioni le hizo poco bien numérico a los blanquiazules, pero sirvió –que no es poco– para no descender en Gran Canaria entre gritos de “a Segunda a Segunda”. Y para evitar que el último partido liguero ante el Athletic se jugara sin esperanzas y con el público crispado. La última experiencia como local, dos semanas antes contra el Valladolid, con dos jugadores atropellando a algunos aficionados y con un descerebrado lanzando una piedra gigantesca al coche de Lussenhoff y Marioni no se había borrado de la cabeza. Por todo ello, el triunfo ante Las Palmas fue bienvenido. Por eso y por fastidiar al canarión, que eso también da gustito.

Así que el 11 de mayo de 2002, el Athletic de Bilbao llegó al Heliodoro para medirse a un Tenerife que aún estaba vivo. Moribundo y agarrado a una calculadora, pero vivo. Y agarrado también a la 'flor' de Clemente, el técnico local, que cuando dirigió al Athletic ganó una liga en la última jornada pese a tener sólo un 11,1% de posibilidades matemáticas de hacerlo. Y ahora, los blanquiazules tenían alguna más. Mientras, para los vascos, dirigidos por Jupp Heynckes, sus opciones de clasificarse para la Copa de la UEFA eran también más matemáticas que reales. Eso sí, como ocurre en estos casos, los aficionados locales, expertos o no en matemáticas, se sabían de memoria cuál era la combinación ganadora: que perdiera el Mallorca, que no ganara Las Palmas y que si lo hiciera el Tenerife.

Con horarios unificados empezaron todos los partidos. Y el Tenerife, ante 20.000 espectadores que creían en el milagro, jugó con lo que tenía, que no era mucho: Julio Iglesias; Manel, Lussenhoff, Alexis Suárez, Basavilbaso; Jaime, Martí, Bino (Iván Ania, 86’), Simutenkov; Marioni (Hidalgo, 61’) y Fuertes (Rubén, 69’). A los diez minutos, Ismael Urzaiz adelantó a los visitantes y el público ni siquiera hizo cuentas cuando empató Jaime. Todo cambió pasada la media hora de juego, al llegar noticias de Mallorca: había marcado el Valladolid. Las Palmas ganaba, sí, pero se confiaba en la Real Sociedad. Y cuando, al filo del descanso, Bichi Fuertes puso por delante a los suyos, se empezó a soñar. Los quince minutos del intermedio eran para hacer cuentas. 

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Formación del CD Tenerife 01-02

Y las cuentas eran muy sencillas: si la Real Sociedad le marcaba un gol a Las Palmas, se salvaba el Tenerife. Al final, la Real marcó... pero hubo un problema: también lo hizo el Mallorca, que así conservó la categoría. Y hubo un problema mayor: el descanso, por culpa de un apagón, duró más de una hora. Cuando empezó la segunda parte, el Athletic ya no tenía opciones UEFA y el Tenerife –junto a Las Palmas, todo sea dicho– estaba en Segunda División. Había descendido sin jugar y entre tinieblas. Más de seis mil aficionados se fueron a casa. Pero los 14.000 que se quedaron aplaudieron a su equipo a pesar de que perdió la categoría y también perdió (2-3) el partido.