Arico

Usando un término muy canario, “Dicen…” Que el nombre de Arico procede del término “aricar”, que significa arar la tierra muy superficialmente, algo que tiene que ver con la tradición agrícola del municipio, aunque como todo, también está puesto en duda, pues otras fuentes consideran Arico como toponimio guanche.

Lo cierto es que en los barrancos del lugar existía agua corriente y gran cantidad de cuevas habitadas por guanches, integrando según algunos historiadores parte del menceyato de Abona y del de Güímar y situando su mayor núcleo poblacional en los alrededores del Barranco Del Río.

Arico

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Tras la conquista, se estableció una población formada por castellanos, portugueses y algunos aborígenes procedentes de Gran Canaria, los cuales mezclados con los guanches existentes, acabaron adoptando sus tradiciones y modos de vida dedicándose unos mayormente al pastoreo en la zona alta debido a la aridez del terreno y otros en la zona costera, estableciéndose en las inmediaciones de la Punta de Abona y el Porís, donde se funda un puerto desde el que a principios del S. XVI se exporta tanto a otras islas como a la península la madera procedente de la tala de sus bosques para construcción de edificios y embarcaciones o la pez que se extrae de su resina, un elemento necesario para impermeabilizar los barcos, motivo por el que en pocos años los montes de la zona quedarían salvajemente arrasados.

A partir de 1560 toda la zona de Abona deja de formar parte del Beneficio Eclesiástico de Taoro, para pasar a formar parte del recién creado Beneficio de Vilaflor, que pasa a ser capital del municipio, y no es hasta finales del S. XVI cuando se consolida el núcleo del Lomo de Arico, al ser construida su ermita de San Juan Bautista y comienza su desarrollo.

En los siglos siguientes, los grandes propietarios irán acaparando poco a poco los terrenos del municipio, relegando a campesinos y gentes sin tierras a cultivar en las cumbres donde la tierra es menos fértil a la vez que aumenta el precio del grano, por lo que muchos tendrán que emigrar a otras poblaciones de la isla hasta que se produce la explosión del cultivo de la cochinilla, fenómeno que devuelve algo de riqueza a sus gentes y que en solo una década se derrumba estrepitosamente, obligando esta vez a la mayor parte de los vecinos a emigrar a Cuba.

Posteriormente se establecen los primeros cultivos de regadío y con el tomate y la papa regresa al municipio algo de prosperidad, que logra frenar hasta principios de la primera Guerra Mundial una permanente oleada migratoria que volvería a repuntar durante los años 50 del S. XX principalmente a Venezuela y se mantendría hasta los años 80, cuando la implantación del turismo devuelve la prosperidad a su maltrecha economía.

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