Torre del Conde

La Torre del Conde de La Gomera es el edificio más emblemático de la Isla Colombina y la única de las torres construidas durante la Conquista de Canarias que se conserva en la actualidad, además de ser la construcción gótica más meridional de la que se tiene noticia.

Ha acogido visitas tan ilustres como la de Cristóbal Colón, Américo Vespuccio o Hernán Cortés, y fue declarada Monumento Histórico Artístico en 1990 y posteriormente en 1993, Bien de Interés Cultural.

lamina 26 torre del conde

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Tiene forma prismática, con 15 metros de altura, 40 de perímetro y muros de 2 metros de espesor. Se encuentra situada en el centro de la Villa de San Sebastián de la Gomera, en la amplia llanura en la que desembocan los barrancos de La Concepción y de Aguajilva, lugar idóneo por la posibilidad de salida al mar a través de un puerto y la disponibilidad de agua en el lugar.

El motivo de su construcción fue sobre todo el de representación del poder señorial, ya que se encuentra alejada de la costa y por ello de las armas de fuego.

Fue construida entre los años 1447 y 1450 por Hernán Peraza el Viejo y sirvió de refugio a los castellanos durante la conocida como “Rebelión de los Gomeros”. 

Anteriormente a la conquista, la isla se hallaba dividida en cuatro bandos, frecuentemente atacados por europeos (portugueses y castellanos principalmente) quienes capturaban esclavos. Hernán Peraza El Viejo, había pactado con los bandos de Ipalan y Mulagua un acto de hermanamiento y ayuda con leyes de obligado cumplimiento, pero al llegar a la isla su nieto, Hernán Peraza el Joven, lo entendió como vasallaje, apropiándose de esclavos y maltratando a la población aborigen. El consejo de la isla decidió prenderlo y romper la alianza, pero en el acto de detención fue ejecutado en Aguahedun, lo que desató la correspondiente represión castellana de 1488. 

Más tarde los gomeros intentaron asaltar la Torre, en cuyo ataque falleció su jefe, Hautacuperche, lo que motivó el desánimo de los rebelados. 

Beatriz de Bobadilla y Ulloa, viuda de Peraza, logró pedir ayuda al Gobernador de Gran Canaria, Pedro de Vera, quien arribó a la Isla y capturó a gran cantidad de aborígenes; al resto le prometió perdón si asistían a un acto religioso por el difunto, momento que aprovechó para ejecutar a todos los varones de Ipalán y Mulagua mayores de 15 años y posteriormente capturar a mujeres y niños para venderlos como esclavos. 

Su consecuencia fue la conquista definitiva de la Isla y el final de la condición de pueblo libre de los gomeros, hecho que ha sobrevivido en la memoria colectiva de los habitantes, a través de coplas y tradición oral, y es considerado el acontecimiento más importante de la historia de la Isla.

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