Brindis interruptus

José López Gómez (1924-2013), presidente del Tenerife, estaba a punto de poner fin a su discurso en aquel hostal de Algeciras donde el Tenerife 64-65 celebraba su permanencia en Segunda División. El discurso se hacía más largo que la agotadora temporada que habían salvado los blanquiazules con una agónica salvación, pero ya, por fin, llegaba el momento del brindis, cuando… no, falsa alarma. Nada de nada. Ahí seguía el dirigente con su infinita perorata, en presencia de las distinguidas damas de algunos directivos que habían viajado con el equipo y de una alta autoridad militar que unía su amor al club con su servicio a la patria.

Ahora sí, ahora sí, tras resaltar el enorme sacrificio realizado por la directiva, las dificultades económicas padecidas y la dedicación presidencial, parecía que la soflama llegaba a su fin. Y Pepe Löpez se dispuso a poner punto final a su alocución: “… por lo que alzo mi copa y propongo un brindis. ¡Por el Tenerife!”. Fue entonces cuando la totalidad de los jugadores que allí estaban alzaron su copa. Alzaron su copa, sí, pero luego derramaron el cava sobre el mantel, el suelo o en los vasos que había en la mesa en un gesto de desprecio infinito hacia un presidente que, obviamente contra su voluntad, pagaba tarde y mal.

¡Qué fue aquello, virgen santa! ¡El Apocalipsis!, ¡el fin del mundo!, ¡el acabose!, ¡la hecatombe definitiva!... Al presidente se lo llevaban los demonios mientras juraba en arameo. José López Gómez no daba crédito a lo que ocurría: ese vil desprecio se lo habían hecho a él, al presidente, allí, delante de sus directivos, delante de distinguidas damas, delante de la autoridad militar, a él, que ponía dinero de su propio bolsillo… ¿Y quiénes le habían pretendido humillar?, ¿quiénes, eh?: nadie, unos niñatos, unos maleducados… ¡Qué fue aquello, virgen santa! Porque había cenado opíparamente, porque si no se los come a todos.

Y se los come a uno detrás de otro. Crudos y sin masticar. No se los comió, de acuerdo. Pero los dejó sin la prima de la permanencia que minutos antes les había prometido. Y lo juró allí mismo, por lo más sagrado y a voz en grito: “… ¡y olvídense de la prima! ¡Ni un duro!, ¡ni un duro!, ¡no van a ver ni un duro, ingratos!”. Y cumplió su promesa. Así que los jugadores se quedaron sin cava y sin prima. A cambio, Pepe López se quedó con un cabreó superlativo. Los desencuentros, sobra decirlo, venían de lejos. El club pagaba tarde y mal, por lo que la plantilla estaba harta. De los impagos y de que el presidente –único que ponía dinero, justo es decirlo– despreciara sus quejas.

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Plantilla del CD Tenerife, temporada 64-65

Por el camino, acusaba a los jugadores de “no poner huevos”. A veces, públicamente, como tras la derrota (2-0) en el campo del colista, el Abarán de Murcia. Juan Padrón, por ejemplo, optó por abandonar el fútbol. Y aunque la destitución de Satur Grech y la llegada al banquillo de Santiago Villar hizo reaccionar al equipo, el Tenerife llegó a la última jornada amenazado por la promoción. Tenía que puntuar en Algeciras y ganó (0-1) con un gol de José Juan (60’) y un once compuesto por: Gómez; Felipe, Martínez, Álvaro; Sicilia, Borredá; Paquillo, Martín Marrero, Lorenzo, Justo Gilberto y José Juan. Luego llegó la 'celebración'.