¡Hoy déjeseme de maguas! (relato navideño)

MIENTRAS PREPARA la pantana, Doña Josefa mira a través de la ventana de la cocina, dos araucarias y un sauce llorón. Quizá por eso del sauce me percate de que se le escurren un par de lagrimitas, y yo, con tiento, le alcanzo la copita de licor de cidrera para amortiguar las maguas.

Ahora se limpia minuciosa los deditos con melaza en el delantal, deja escapar un suspirito de recuerdos, y me da un beso robado en las mejillas. Recordaba a su Celedonio, estos días dichosos y complicados cuando están todos y falta alguien, como a mí mismo también me pasa con Zuriñe y Melchor. Se pellizcó los cachetes para sacarse color y se puso a tararear Lo Divino, una cassette de Los Sabandeños que no tiene años ni nada.

–A mí, Doña Josefa, me encanta el estribillo con eso de “y los tomillos/y los romeros/llenan de aromas/nuestras montañas”. Me da la sensación de que estoy pateando los recovecos de Anaga.

La buena señora, que ha recuperado la alegría, a la vez que está dando el punto del cabello de ángel para las truchas –a mí me pierden las de batata–, asevera que lo que le encanta es el gorgorito del pajarillo que aparece por ahí regado durante esa canción tan preciosa.

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–¡Santa María Virgen Bendita y Niño Jesús de Belén! ¡Y San José!–, me sobresalta la doña con su vértigo imprevisto. Hace un escorzo entre ingredientes de la repostería y llama por el móvil a Doña Sagrario, que es obligado que le traiga un cartón de dulces laguneros, marquesotes y mimos–, que mis hijos no me perdonan si no se los tengo en Nochebuena. Es que se los embaulan todos, los muy zascandiles.

–Yo me inclino más por café, una parra bien servida y puro de las Breñas. Directo y sin empalagos.

Doña Josefa revira el gesto y se echa un traguito de agua del bernegal–. Mi hija y yo preparamos ñame, con azúcar espolvoreada, pero Celedonio y su hermano Jacinto eran más de frangollo.

–Cristiana, que de tanto dulce me estoy empalagando, que a mí de la Nochebuena me atrae lo salado. Que como una pata de cochino recién asada... incluso, para abrir boca, esa cecina de cabra de Fuerteventura...

–Precisamente Celedonio me hacía carantoñas para que le preparara esa noche pescado salado, con su aceite y vinagre, y papitas bonitas, y se dejaba de puñetas que si tal o cuál vino: donde estuviera uno nuevito de Vilaflor...

–¡Ño! igual que Don Francisco Dávila.

–¡Ay mi niño!

–Dígame Doña Josefa.

–Vamos a brindar. ¡Por nuestra tierra!

–¡Feliz Nochebuena Doña Josefa!

–¡Feliz Navidad, Greñamillo!

FELIZ NAVIDAD PARA TODOS-AS