Blade Runner y la lluvia

Lo bueno que tiene ser un poco mayor es que uno ha vivido lo suficiente para ver la primera y la segunda parte de Blade Runner en el cine. Hay otras cosas positivas de haber dejado atrás la juventud, pero no muchas. Tal vez la capacidad de pensar dos veces, de disfrutar de las cosas tranquilas y de admirar la belleza desde otro punto de vista. Y más cosas claro. Lo de valorar la salud lo dejamos hoy para no cansar a mi media docena de incondicionales.

No tendré la osadía de ponerme aquí a hacer una crítica de cine. Pero sí de hablar de esa maravillosa película que, junto a Memorias de África, colma mi ránking de admiración por el cine. Si me pongo a pensar más de la cuenta, debo estar un poco loco para mezclar dos producciones tan dispares en estilo y contenido, pero me gustan. También a uno le pueden agradar rubias y morenas y no estar chiflado. Pelirrrojas ya no.

Blade Runner 2049 es un peliculón. Antes de ir a verla solo leí una crítica, la del diario El País, y la ponía francamente mal. Pero he de reconocer que, a partir de ahora, no volveré a hacer caso a ese especialista, que tiene todo el derecho a pensar que se trata de un filme malo. Nada más lejos de mi percepción. Cuando salí del cine repasé otras opiniones mucho más acordes con la mía.

Siguiendo la línea de su "madre", Blade 2049 invita a la reflexión sobre la evolución humana y la vida

En Blade Runner "tuentifortinain", como dirían Puigdemont o Rajoy, enumerados por orden descendente de desagrado (tranquilos, en esta peli coincidimos en el villano principal), se mezclan una espectacular ambientación (no llega al nivel de la primera), una banda sonora también alejada de la de 1982, pero muy buena en esta era casi post digital que ya vivimos, y un argumento sencillo pero apasionante, con escenas de acción sensacionales y un hilo narrativo casi insuperable en el ámbito de la ciencia ficción. 

Siguiendo la línea de su "madre", Blade 2049 invita a la reflexión sobre la evolución humana y la vida, pero entreteniendo y bordeando los límites de las obras maestras del género, entre las cuales la incluyo a riesgo de que me tachen de ignorante. Lo soy.

¿Y qué tiene que ver la lluvia? Pues no lo sé con certeza. Viendo el otro día por televisión la película del año 1984 volví a quedarme embelesado por las imágenes futuristas en la que la lluvia era una protagonista ambiental. Pensé que por qué cada vez llueve menos, por qué sucede y por qué no tenemos la suerte de que un torrente cristalino se lleve por delante toda la porquería que nos envuelve. Quizás ese afán de depuración  es otra de las cosas buenas que tiene ser un poco mayor, o un poco menos joven, según se piense. Porque yo me sigo viendo guapo como Harrison Ford 35 años después.