Aullido de Ginsberg

Tubigú

Resulta que Allen Ginsberg pudo ser el primer hippie de la historia, el primer místico alucinado venido de oriente, el primer trastornado que sacó rendimiento a su maravillosa locura, el visionario, promotor en la sombra, del icono universal Woodstock-1969.

En qué estaría pensando Allen Ginsberg cuando escribió Aullido, en qué trance vital estaría inmenso en 1955 para escribir un largo, suntuoso, abruptamente bello poema largo, repleto de accidentes emocionales que dejan una huella de profundidad inquietante y hasta apocalíptica. En la orilla memorable del Aullido de Ginsberg se han construido también verdaderas instituciones de la
mitomanía, igualmente inquietantes.

En Aullido me encuentro conmigo mismo, porque leer Aullido facilita el ejercicio terapéutico de ponernos frente al espejo y observar irónicamente el feo pellejo pequeño burgués de toda nuestra generación de pose ideológica, que nunca entiende nada. Ginsberg arremetió a machetazos de pacifista contra el ultraconservadurismo hipócrita reinante en los Estados Unidos de América de
los años 50 del pasado siglo.

En Aullido, el verso tiene un carácter interminable como un soliloquio estremecedor, en una locura salvadora que nos devuelve a la vida, en un lenguaje nuevo que mete termitas hambrientas en las cuatro normas tontas y bobaliconas de nuestra propia moral aprendida. Esta es una, solo una, de las grandes y no presuntas verdades, casi objetivas, dentro de un arte tan subjetivo como es la poesía.

En sueños, allá en vísperas de su muerte, osé acercarme a su grandeza en el modo en el que yo lo hago siempre, tratando de tú a tú al genio, porque la genialidad es y será siempre un latido interno que trabaja mucho más allá de las mitificaciones mediáticas. Los genios son personas, no complejos laberintos en una vitrina. Aullido es un libro que nos ofrece la portentosa escenificación de una alucinada realidad que se encadena. Largo poema tejido con frases cortas y hecho con un material salido de la base más terrenal de la vida, de las fuerzas internas de la ideología sin secta, de la pulsión más brutal y apabullante de la existencia humana con todas sus hondas celebraciones y sus terrores antiguos. Aullido impacta, es el gran volumen de un sueño de trascendencia, es el espíritu de un todo, de algo, de una entidad absoluta que amamos como una aspiración imposible.

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