Discursos de odio

Si miramos la historia europea desde principios del siglo XX hasta nuestros días, podemos comprobar el daño tan enorme que han hecho los discursos cargados de odio, miedo, intimidación, eliminando el derecho a la dignidad y, en definitiva, a la vida.

El discurso cargado de odio en el siglo pasado en Alemania, no fue algo que se quedase solo en palabras. Este discurso terminó con millones de muertos y muertas y que ha sido el mayor holocausto de la historia porque el discurso público arengó a que turbas humanas atacaran a las personas judías sin ningún tipo de compasión y recreándose en el dolor y en un cruel sufrimiento debido a los discursos de odio.

Lo interminables kilómetros de trenes que fueron construidos para transportar las cosechas por toda Alemania ( salida de una guerra) y países limítrofes, terminaron utilizándose para hacinar judíos ( hombres, mujeres, niños y niñas) rumbo a la más terrible muerte en los campos de concentración y de torturas. ¿Y saben lo peor? : Que para la sociedad era algo normal cuando veían pasar estos trenes con miles de personas en cada vagón gritando y pidiendo clemencia sin entender porque les estaba sucediendo eso. El único delito cometido era pertenecer a la raza o religión judía.

Hay historiadores que indican que Hitler se inspiró en otro brutal genocidio ocurrido en el año 1913 donde el Imperio Otomano masacró a la población armenia dejando más de un millón de muertos. Está comprobado que el embajador alemán en Constantinopla en esa fecha comentó que” las matanzas contra armenios de fines de siglo XIX habían sido vistas por algunos como una reacción natural al sistema parasitario de la clase empresarial armenia”. Es de hacer notar que los armenios siempre han sido conocidos como los judíos de Oriente". Muchos ideólogos del Nazismo utilizaban el macabro ejemplo armenio en sus discursos y arengas que después terminarían en la más terrible intolerancia.

Hoy podemos ver con estupor cómo se confunde la libertad de expresión con “delitos de odio” y sus respectivos discursos y que pueden venir desde cualquiera de los extremos de la sociedad. Hoy en las redes sociales se promueven prejuicios y se incita a la violencia por opiniones políticas diferentes, por ser de razas distintas, por no tener la misma orientación sexual del que se sube a un escenario a dar el mitin de turno, por ser de otra nacionalidad. Hoy nos llegan mensajes y memes de odio por diversos medios y tenemos que luchar entre todos y todas para no caer en el ostracismo. Tenemos que parar ese discurso para ser “medianamente felices”.

La libertad de expresión no puede amparar delitos y discursos de odio y mucho menos cuando este tipo de discursos atenta contra la igualdad y la dignidad de las personas. Los discursos de odio son simples y repetitivos y se regodean en atacar a gente y colectivos vulnerables y ahora, hace ya un tiempo, se suma el ciberodio que ha inundado las redes sociales en toda Europa y en todo el mundo

Y el odio lo podemos tener en casa cuando “hablamos con odio”, nos expresamos con odio y odiamos todo aquello que sea diferente a nosotros y se lo alimentamos a las nuevas generaciones. Y "quien siembra odio cosecha violencia”.

Hutus y Tutsis en Ruanda, musulmanes y ortodoxos o católicos en Yugoslavia, rusos y ucranianos al borde de una guerra, las dos Coreas que llevan más de cincuenta años odiándose, Marruecos y el Sahara, el fenómeno catalán, el éxodo en Venezuela, el muro de Estados Unidos y México o Cuba y los Yankis, los atentados por motivo de religión, el atentado en una sinagoga de Buenos Aires, la Guerrilla en Colombia, ahora los acontecimientos violentos en Bolivia o Chile, Los interminables años del aparthaid en Sudáfrica y miles de ejemplos más, son alimentados por discursos de odio.

Lo debemos combatir empezando por nosotros mismos. Por supuesto que en la vida, empezando por la mía, existen situaciones que me hubiesen gustado que aconteciesen de otra manera, pero eso no me da derecho a odiar.

Todos debemos ridiculizar esos discursos, también solidarizarnos con quienes lo padecen y por supuesto estar siempre pendientes para denunciarlos en los mismos canales en donde se vierten.

"Hemos venido al mundo a ser felices”, decía el cantante mexicano Juan Gabriel que también tenía otra canción que decía lo siguiente:

“Pero qué necesidad

Para qué tanto problema

No hay como la libertad de ser, de estar, de ir

De amar, de hacer, de hablar

De andar así sin penas

Pero qué necesidad,

Para qué tanto problema,

Mientras yo le quiero ver feliz, cantar, bailar

Reír, soñar, sentir, volar

Ellos le frenan”.