El viaje de Eduardo Westerdahl

Sospecho que Eduardo Westrdahl continúa siendo hoy, un gran desconocido. Nació en la bella ciudad de Santa Cruz de Tenerife, el 2 de mayo de 1902 y para los actuales vecinos de la capital tinerfeña, es muy probable que su nombre les suene remotamente a personaje ilustre. La memoria es nuestro definitivo asidero, el más elemental regazo desde el que despertar y vivir. Sin memoria la identidad no es nada, si acaso un conjunto de voces estridentes y primitivas, un sentimiento sin contexto, poco más.

Eduardo Westerdahl, hijo de un sueco y de una conejera y vecino de Santa Cruz, mantuvo durante toda su vida una intensa actividad participativa en el ámbito de la vanguardia isleña. Canarias como lugar único en el mundo, como hervidero de impulsos renovadores. En Tenerife, allá por 1932, se fragua una valiente intención de ruptura con el oficialismo cultural. Por aquellos años, el analfabetismo representa una espeluznante realidad que nos conduce a la formulación de una pregunta: ¿para quiénes hablaba el intelectual Westerdahl, acompañado de Pedro García Cabrera o Domingo Pérez Minik, entre otros? Pareciera una patria de la transformación fundada sobre un desierto. Esta circunstancia le concede, si cabe, mayor interés y valor al hecho vanguardista, al desafío de la ruptura que supuso la creación de la revista Gaceta de Arte. Pero para la consecución del enorme logro, hacen falta siempre ingentes cantidades de entusiasmo y compromiso.

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Eduardo Westerdahl | IMAGEN DE LA RED

Eduardo Westerdahl emprende un viaje por Europa. Periplo que le llevará a Alemania, República Checa, Holanda, Francia y Gran Bretaña. Este hijo de sueco y de conejera, era un hombre sencillo, normal, un intelectual autodidacta y convincente, que trabajaba en una sucursal bancaria de Santa Cruz de Tenerife y que soñaba. Se empampó de modernidad en su viaje a Europa, se nutrió hasta los huesos de un espíritu universalista, quiso traer a Canarias lo que vio; su fascinación por la arquitectura racionalista, el teatro, la música, el cine.

Durante los meses que duró la aventura europea, se fue configurando en la mente de Westerdahl, la edición de la revista Gaceta de Arte.

“Viaje a Europa de Eduardo Westerdahl” (edición, introducción y notas de Pilar Carreño) se compone de las once crónicas de viaje enviadas a su querido amigo Domingo Pérez Minik y publicadas en el extinto diario La Tarde, junto a un nada despreciable material fotográfico de su experiencia por media Europa. Este viaje, como comenté más arriba, es la semilla de un gran acontecimiento histórico: la creación de la revista Gaceta de Arte, que puso a Canarias, como territorio alejado de la grandeza continental en la que se desarrollan los principales centros de la modernidad cultural y estética, en primera línea de un pensamiento necesariamente trasgresor y profundamente libre. Eduardo Westerdahl, el gran hacedor del milagro.

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Portada del libro | IMAGEN DE LA RED