Arocha debuta con ‘la Roja’

Ángel Arocha Guillén (1907-1938) es el primer mito del fútbol canario. Asombró a los aficionados blanquiazules siendo casi un niño y luego se hartó de marcar goles y ganar títulos con el FC Barcelona. Ochenta años después de su muerte, aún es el décimo máximo goleador de la historia azulgrana, con 127 goles en siete temporadas, muy cerca de elementos como Luis Suárez, Eto'o o Rivaldo. Ligado siempre a la tierra que le vio nacer, falleció joven, muy joven, víctima de un bombardeo de la aviación republicana en el frente de Balaguer (Lleida) durante la guerra civil española. Ese día, y es una realidad que va más allá del tópico, murió el hombre y nació el mito.

Antes, llenó de orgullo a los ciudadanos tinerfeños, que seguían ávidos cualquier noticia que llegara de Arochita, quien nunca olvidó su vinculación a la Isla ni al Tenerife. Cada verano, cuando venía de vacaciones, reforzaba a los blanquiazules en los amistosos que en esas fechas se organizaban contra equipos peninsulares o extranjeros. Y siempre estaba dispuesto a ayudar a la entidad en la que se formó. Querido por su gente, cuando en julio de 1928 el Barcelona hizo escala en la Isla camino de América del Sur, donde el equipo azulgrana iba a disputar unos amistosos, Arocha fue llevado a hombros desde el muelle hasta la calle Clavel, donde estaba la sede del Tenerife.

Autor del gol de la victoria del Tenerife en la inauguración del Stadium (actual Heliodoro) en 1925, Arocha siempre fue blanquiazul. Y durante aquel viaje camino de América, obsequió a su club con el balón con el que el Barça se acababa de proclamar campeón de la Copa del Rey, un recuerdo que la entidad guardó con celo hasta que un incendio destruyó su sede años después. Y en diciembre de 1951, cuando el cuadro catalán disputó su primer partido amistoso en la Isla, trece años después del fallecimiento de Arocha, sus jugadores y dirigentes acudieron a depositar un ramo de flores junto a su tumba, en el cementerio de Santa Lastenia.

El 26 de abril de 1931 se convirtió, además, en el primer jugador tinerfeño en debutar con la selección española de fútbol. Fue en el estadio de Montjuic (Barcelona), ante la potente Irlanda y en unas circunstancias difíciles. Doce días antes, en medio del fervor popular, se había proclamado la II República Española y fue necesario remendar el escudo de la camiseta, del que se eliminó la corona. Al palco acudieron el presidente de la República, Alcalá Zamora, así como el presidente de la Generalitat, Francesc Maciá. Y en el césped Arocha firmó, de cabeza, el gol del empate (1-1) de 'la Roja', que ese día presentó un once lleno de 'semidioses' del fútbol español.

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Ángel Arocha, con la camiseta del FC Barcelona

La alineación es una suma de mitos: Zamora; Ciriaco, Quincoces; Martí, Solé, Castillo; Piera, Samitier, Goiburu, Arocha y Gorostiza. Seis meses después, en Dublín, España goleó (0-5) a Irlanda y Arocha, que siempre presumió de tinerfeño, marcó el tercer gol español “con un soberbio tiro por bajo”.

P.D. En abril de 1960, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife dio el nombre de Ángel Arocha –que se alistó en el ejército nacional por su profunda fe católica– a una calle próxima al Heliodoro. Hoy en día, un colectivo de ignorantes pretende arrebatarle esa distinción.