Ana Díaz: "Aunque es un camino complicado y altamente competitivo, ser investigadora me satisface mucho"

Tubigú

El medio marino acoge una diversidad biológica mayor que cualquier otro lugar de la Tierra, lo que le posibilita ser una fuente inestimable para la búsqueda de nuevas sustancias de interés farmacológico. Consciente de ello, la doctora en Química Orgánica por la Universidad de La Laguna, Ana Díaz Marrero, dedica su labor investigadora al descubrimiento de nuevos productos naturales y moléculas producidas por microorganismos marinos que puedan llegar a tener esa aplicación.

Así, cuando tuvo lugar la erupción submarina en El Hierro, esta investigadora lo vio como una oportunidad perfecta para acudir a tomar muestras de un nuevo ecosistema donde se debían estar produciendo importantes cambios a nivel microbiológico. Aparte de en esa línea, trabaja actualmente en diversos proyectos que incluyen la búsqueda de una metodología sencilla que permita identificar ciguatoxinas en muestras de pescado.

Pese a que normalmente sus investigaciones implican procesos de obtención de resultados largos y costosos, Díaz subraya en esta entrevista a AtlánticoHoy que, aunque sea a largo plazo, su gran meta sería "conseguir una cepa bacteriana que interesase a la industria farmacéutica", por lo que trabaja cada día con el objetivo de ofrecer aportaciones valiosas para el futuro.

 

Mi gran satisfacción sería conseguir una cepa bacteriana que interesara a la industria farmacéutica

 

- ¿De dónde viene su vocación por la química?

Realmente, mi interés fue creciendo durante mi etapa de estudiante de Educación Secundaria. Siempre uno tiene un profesor de referencia con el que, por algún motivo, conectas bien. Yo tenía una profesora que me daba clase de física, química y matemáticas. Era excelente, todo se hacía fácil con ella. A partir de ahí empieza a crecer mi interés, tanto que no me resultó nada difícil tomar la decisión sobre mi camino futuro.

 

- ¿Por qué decidió centrar su investigación en productos marinos? ¿Cuándo se dio cuenta de lo que el mar podía ofrecernos a la hora de crear nuevos fármacos?

Antes de terminar mi licenciatura en química empecé a tener muchísimo interés por la bioquímica, concretamente por la conexión entre la química y la biología. En aquel entonces no tuve ocasión de salir fuera de la Universidad de La Laguna, por eso elegí la especialidad más próxima a esas disciplinas, que era la química orgánica. Sin embargo, empecé a trabajar en un laboratorio de bioquímica y, después, tuve oportunidad de encontrar una beca en un laboratorio de productos naturales, que es sobre lo que realicé mi tesis doctoral y que me permitió aproximarme a esa conexión entre la biología y la química. Pude incorporarme a un grupo que trabajaba en la química de los productos naturales de origen marino en el IPNA (CSIC). A partir de ahí es cuando comienzo a descubrir lo que puede ofrecer el mar en cuanto a nuevos productos con aplicación fundamentalmente en el ámbito de la farmacología.

 

Obtener un fármaco requiere una gran inversión de tiempo, dinero y esfuerzo de muchos investigadores

 

- Usted comentaba que lograr un fármaco que sea comercializable supone evaluar de 5.000 a 10.000 compuestos químicos en un periodo de 15 años. ¿Cómo mantener vivo el objetivo cuando las líneas de investigación son procesos tan largos y complejos?

Ciertamente, obtener un fármaco requiere una gran inversión de tiempo, dinero y esfuerzo de muchos investigadores. Estos números son más o menos aproximados. Lo estamos viendo ahora de manera acelerada con el desarrollo de las vacunas para el tratamiento de covid-19, aunque no es nada parecido a la realidad que teníamos previa a la pandemia. Resulta complicado proyectar los trabajos a tan largo plazo.

Creo que la investigación en la búsqueda de potenciales fármacos es fruto de un esfuerzo colectivo, ir paso a paso avanzando en la investigación. Cuando uno se dedica a obtener compuestos de fuentes naturales evidentemente trata de buscar una aplicación y, siendo realista, son muy bajas las probabilidades de  llegar a ver un fármaco o molécula que yo haya conseguido comercializada, pero las aportaciones que podamos hacer como investigadores pueden ser valiosas en el futuro.

Erupción submarina en El Hierro | Vuelo científico del Involcan junto a Guardia Civil (SGE)

 

- Cuando tuvo lugar la erupción submarina en El Hierro quiso tomar muestras en la zona, un nuevo ecosistema donde se debían estar produciendo importantes cambios a nivel microbiológico. ¿Obtuvo conocimientos aplicables a fármacos de esa comunidad bacteriana que se adapta a este nuevo entorno?

Esa bioprospección supuso el punto de partida del proyecto Agustín de Betancourt en el que he estado trabajando en los últimos cuatro años. Lo que me motivó a buscar las herramientas para hacer el muestreo en esa zona es el hecho de que, microbiológicamente, suponía un ecosistema nuevo, ya que todo ese entorno estaba renovándose. Las muestras se tomaron cinco años después de que tuviera lugar la erupción en El Hierro, lo que justo coincide con un periodo de estabilización de ese ecosistema. Me parecía muy interesante poder explorar el potencial farmacológico que encontrábamos en ese nuevo microecosistema que se había adaptado a las nuevas condiciones medioambientales. Mucho de ese trabajo queda todavía pendiente de seguir explorando.

 

Siendo realista, son muy bajas las probabilidades de llegar a ver un fármaco o molécula que yo haya conseguido comercializada, pero las aportaciones que podamos hacer como investigadores pueden ser valiosas en el futuro.

 

- Su objetivo sería obtener al menos una cepa bacteriana de interés para la industria farmacéutica. ¿Cuán cerca está de conseguirlo?

En las líneas de investigación que estamos desarrollando, la principal prioridad está muy enfocada a la aplicabilidad de las moléculas que aislamos. En concreto, a la búsqueda de actividad biólógica, sin perder de vista la potencial comercialización. Es por ese motivo por el que mi interés se centra en microorganismos marinos, ya que  tiene una serie de ventajas con respecto al estudio de macroorganismos desde el punto de vista de vista de la comercialización. Trabajar con microorganismos supone o facilita mucho poder llevar a cabo fermentaciones en grandes volúmenes, incluso a escala industrial. Si soy capaz de encontrar un microorganismo que produzca un compuesto bioactivo que sea de interés, el proyecto tendrá mayor viabilidad si lo puedo reproducir en un laboratorio. Pero no ocurría lo mismo si, supongamos, mi compuesto de interés proviene de un organismo que tengo que recolectar en el fondo del mar. Eso sería inviable, ya que va a supone tener que recurrir al ecosistema. Cuando trabajas con productos de origen natural, tenemos la responsabilidad de buscar estrategias que sean sostenibles con el medioambiente, como el cultivo de microorganismos.

Mi gran satisfacción sería conseguir una cepa bacteriana que interesara a la industria farmacéutica. Ese era uno de los objetivos que se pretendían alcanzar en el marco del proyecto Agustín de  Betancourt que he estado desarrollando. De una colección de más de 180 cepas bacterianas que se aislaron de El Hierro, y después de un trabajo muy exhaustivo, hemos sido capaces de identificar cuatro cepas interesantes por su actividad antiproliferativa, es decir, que inhiben el crecimiento de líneas celulares de cáncer. Esto no significa que vaya a ofrecer una solución a algunos tipos de cáncer. En absoluto. Esto nos permite identificar qué cepas podemos estudiar y analizar su química en profundidad para dar con las moléculas responsables de esa actividad antiproliferativa. Es una parte del trabajo que está en desarrollo. Sorprendentemente, en este proyecto, al final, más que enfocado al cáncer se orientó a la búsqueda de sustancias antiparasitarias, donde también está ofreciendo resultados bastante prometedores.

 

Hemos sido capaces de identificar cuatro cepas interesantes por su actividad antiproliferativa, es decir, que inhiben el crecimiento de líneas celulares de cáncer

 

Hemos logrado identificar una serie de compuestos que provienen de un alga con muy buena actividad frente a parásitos del género Leishmania. Como provienen de un alga y nuestra perspectiva es ser sostenible con el medioambiente, lo que hemos hecho ha sido proponer una estrategia sintética para preparar en el laboratorio unas moléculas que se parezcan al compuesto natural. Los resultados más significativos desde esta perspectiva han supuesto una colección de moléculas muy prometedoras para el tratamiento de la Leishmania.

Esta parte del trabajo se ha realizado en colaboración con el Instituto de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias y está en proceso de patente. Iniciamos el proyecto con una perspectiva y, como vemos, en investigación las cosas no siempre van evolucionando como uno lo plantea.

 

-¿Cuentan con el suficiente respaldo para sus investigaciones?

Todo es relativo. Para poder llevar a cabo las investigaciones es necesario tener financiación por parte de las instituciones. Antes mencionaba que durante los últimos cuatro años he tenido financiación de un proyecto Agustín de Betancourt, un programa financiado por el Cabildo de Tenerife y enmarcado en el Programa MEDI-FDCAN 2016-2025, lo que me ha permitido desarrollar toda esta investigación que he mencionado. Sin embargo, hay que poner de relieve que, además, ha sido viable gracias a que estoy dentro de un grupo de investigación que tiene financiación tanto de los Planes Nacionales de Investigación como de Proyectos Europeos como el proyecto Biotransfer II (Interreg-Mac). Todo esto es lo que ha permitido que nuestras investigaciones estén saliendo adelante. La financiación de los proyectos es altamente competitiva y muchas veces se hace complicado, pero en el grupo de investigación hemos contado con financiación de manera regular hasta el momento y esperamos que sigamos así.

 

- ¿Cuál cree que es el nivel existente en investigación en productos marinos en Canarias en comparación con otras universidades?

Creo que somos bastante competitivos. En el ámbito en que yo me muevo los grupos de investigación nacionales no son muy numerosos, pero somos una comunidad bastante bien reconocida desde un punto de vista internacional. Creo que hacemos una investigación multidisciplinar que se puede considerar relevante para la comunidad científica.

 

Creo que es una suerte poder trabajar en lo que a uno le gusta y seguir aprendiendo día a día en tu trabajo

 

- ¿Cómo animar a más jóvenes a seguir sus pasos como investigadora? Desconozco si hay muchas mujeres en ese ámbito ahora mismo.

En estos momentos, en nuestro grupo de investigación hay un alto porcentaje de mujeres. Todo el mundo tiene que buscar qué es lo que le hace feliz en la vida. Si a los jóvenes le gusta la investigación, no deben limitarse, sino seguir tratando de encontrar ese camino. No es un camino sencillo en absoluto. Ahora mismo las cosas están complicadas para la gente joven en ese sentido.

La principal carencia que tenemos en investigación es financiación para contratar personal a todos los niveles, tanto de investigadores jóvenes al inicio de su carrera, como investigadores postdoctorales ya formados para facilitar el periodo hasta la incorporación a una plaza de estable. Desde mi punto de vista, este es un aspecto clave para incentivar la carrera científica, ya que las bajas expectativas actuales y la altísima competitividad en todas las convocatorias desaniman mucho a los estudiantes universitarios a continuar el camino de la investigación.

Desde siempre hemos tenido que luchar por tener financiación, por alcanzar la estabilidad laboral, pero siendo conscientes de que es un camino complicado y altamente competitivo, a mí me satisface mucho el trabajo como investigadora. Creo que es una suerte poder trabajar en lo que a uno le gusta y seguir aprendiendo día a día en tu trabajo, en un continuo crecimiento.

 

-¿Cuáles son sus investigaciones actuales?

Continuamos trabajando en profundizar o descubrir el contenido químico de toda esa colección de microorganismos que hemos ido generando desde El Hierro, además de la exploración de la microbiota de otras zonas de muestreo. Tratamos de proseguir lo que hacemos normalmente: explorar el potencial de estos en la búsqueda de sustancias antiproliferativas. También estamos muy interesados en continuar explorando su potencial frente a parásitos.

Además de eso, tenemos en marcha una línea de trabajo muy interesante y que se inició con el proyecto Biotransfer II. Está relacionada con la intoxicación alimentaria por ciguatera y la búsqueda de una metodología sencilla que nos permita identificar ciguatoxinas en muestras de pescado. En este proyecto también trabajamos en colaboración con un grupo del Instituto de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias. Se trata de un proyecto con bastante proyección de futuro y de gran interés en nuestra región por las implicaciones sociosanitarias que conlleva, en el que ya hemos dado importantes avances.

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