La Geria, el espectáculo que decantó el volcán

El vino es milagro desde tiempos inmemoriales, obra del ímpetu de la naturaleza y de la dedicación del hombre. Si en cada caso, territorio y climatología van a imponer sus condiciones al viñedo, el de la isla canaria de Lanzarote constituye un particular paradigma de plástica paisajística y esfuerzo en cada hoyo en el que se multiplica la malvasía volcánica, conformando el conjunto ese enigmático “paisaje lunar” de La Geria. Descubramos esta emocionante singularidad.

Es bien temprano y pasamos de largo la Villa de Teguise en la travesía agradable en coche, dejando atrás un casco histórico salpicado de elegantes fachadas blancas y monumentos históricos de arquitectura colonial.

A esta hora hay que esquivar algunas hileras de ciclistas que optan por esta carretera que va a dar a una de las orografías más curiosas de España (y del planeta). A pesar de que el día está despejado y la luminosidad es impactante, unas nubes bajas envuelven, como si de algodón de azúcar se tratara, las suaves montañas que circundan el horizonte de terreno volcánico.

Siguiendo la oportuna señalética de tráfico y bodegas, con la que los visitantes encadenan visitas enoturísticas, se suceden ante nuestra vista la serie de horadaciones parapetadas con sus respectivos muretes de protección contra los vientos que azotan esta zona central de Lanzarote.

Aguardamos en la explanada de entrada de la Bodega Rubicón y, todavía más de cerca, contemplamos los hoyos desde los que emergen los viñedos de malvasía volcánica. Allí mismo, donde emerge un drago (especie botánica autóctona) vemos de cerca cómo despuntan los racimos, incipientes, de los que se extraerá un vino blanco reconocido mundialmente.

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Hace fresco y el sereno ha dejado humedad perceptible en las inmediaciones; la quietud del momento se mece en todas y cada una de las “perforaciones”, cada una con un cuidado primoroso por parte de los viticultores. Luego apretará el calor.

“Esto hay que verlo, hay que maravillarse con el prodigio que hacen posible los agricultores conejeros –como así se denomina cariñosamente en las islas a los naturales de Lanzarote-“. Estamos con el patriarca y propietario de Rubicón, Germán López Figueras, que nos guía por la gran casona que emerge entre el paisaje de tonos ocres y grises trazado de ondulaciones con sus “cremalleras” de piedra. De aquí salen elixires como el Amalia o el Rubicón, que están adscritos a la Denominación de Origen Protegida Lanzarote.

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“Quien vea este trabajo ímprobo frente a los elementos, a la climatología –la alta temperatura es nuestro peor enemigo-, con el cuidado prácticamente diario que se imprime a las vides, se maravillarán ante algo tan hermoso”. Efectivamente, los viñedos se plantan en “conos” formados en el lapilli, denominado localmente picón, y protegidos adicionalmente por pequeños muros de piedra”.

En La Geria también se plantan frutales, como higueras, pues este tipo de cultivo permite que las plantas enraícen más fácilmente en el suelo fértil, mientras que la capa superior de picón reduce la evapotranspiración. Además, la forma estratégica de cada hoyo y la pared adicional protegen a los cultivos del viento.

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Si el tapiz paisajístico es del todo hipnotizante, que La Geria sea un enclave enoturístico de gran nivel no lo es sólo y exclusivamente por esta particularidad. La variedad de uva, como se dijo la malvasía volcánica, confiere a los bodegueros de la zona posibilidades que no la dan, a tanta plenitud, variedades como la listán blanca, presente en muchas vinificaciones de la otra potencia vitícola de Canarias, Tenerife.
La de Lanzarote es una uva pequeña, muy delicada y de escaso rendimiento, pero su selección obedece a que está perfectamente adaptada al medio y destaca por el equilibrio, sabor intenso y perfume que luego traslada a las vinificaciones.

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Originaria de Grecia, es la variedad mediterránea más antigua que se conoce. Una fermentación adecuada, a menos de 20 °C, proporciona un aroma máximo, que se pierde a temperaturas mayores. Algunos de los vinos dulces que se pueden obtener de esta uva tienen máxima puntuación en las grandes guías de los “gurús” mediáticos.

Lo de las bodegas sería para reportaje aparte; a 1570 se remonta la fecha del primer documento escrito que se conserva haciendo referencia a la propiedad de esta de Rubicón, donde nos encontramos (cuyos vinos distribuye en Canarias el gigante Bodegas Torres). Nuestro anfitrión nos lleva a través de los espacios de una casona fascinante, conocida por El Cortijo de La Geria y restaurada meticulosamente por su proietario, en la que aún quedan vestigios de los antiguos lagares, prensas y bocoys (barriles) venidos de Cuba con ron de la isla caribeña. Hoy todo el proceso está totalmente modernizado.
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Puede extrañar viendo la postal, pero por aquellos años los campos de cereales conformaban el paisaje de la zona: la tierra era rica y producía frutos en abundancia. Nadie imaginaba que pronto el infierno se desataría en Timanfaya (hoy Parque Nacional) y largos años de erupciones volcánicas (1730-1736) que devastarían aldeas y campos de cultivo modificando el paisaje a lo que hoy se puede ver.

En definitiva, un lugar extraordinario, La Geria, de indefinible energía y donde la sorpresa del vino se hace realidad, desafiando ciertamente las leyes de la naturaleza y del “terroir”. Siempre podremos ver a esos viticultores que, guataca en mano, “aligeran” los hoyos con una fe decidida que se ha transmitido de padres a hijos.

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Por cierto, una anécdota que no está de más resaltar -nos cuenta Germán López- y es que en algunos detalles de comercialización en Estados Unidos, la empresa lanzaroteña debe tener especial cuidado teniendo en cuenta que la bodega del cineasta y director Francis Ford Coppola, en Napa Valley (California), se denomina también Rubicón.

La zona fue protegida como Parque Natural y declarada como zona de especial protección para las aves (ZEPA). Incluye también el monumento natural de la Cueva de los Naturalistas, un tubo volcánico natural de grandes dimensiones. Comprende terrenos en los municipios de Yaiza, Tías, Tinajo, San Bartolomé y Teguise, con una superficie de 5255 hectáreas. Incluye varias pequeñas poblaciones: Masdache, Vega de Tegoyo, La Asomada, Conil, Mozaga, La Geria y El Islote-Casa de la Florida.