… y al tercer día, resucitó

 El Tenerife 56-57 se había complicado la vida. Durante todo el curso había pagado su inoperancia como visitante, lo que le mantuvo en la zona media-baja de la clasificación. No era grave, pues se mantenía con sus prestaciones como local hasta que, a falta de cuatro jornadas, una derrota (1-2) ante el Granada en el Heliodoro hizo saltar las alarmas. Y la goleada (7-4) sufrida ante el Córdoba la jornada siguiente, en un partido trasladado al jueves para reducir los días de estancia en la Península, le convirtió en serio candidato al descenso. Ya sólo quedaban tres jornadas para el final y el grupo que dirigía Diego Lozano debía afrontar un difícil calendario: visita al Puente Genil, rival directo en la lucha por la permanencia, para acabar como local ante el colista Castellón y el potente Ceuta.

La esperada victoria ante los levantinos no bastaba. Había que ganar también al Ceuta y sumar como visitante en la última salida del curso. Pero los antecedentes no invitaban al optimismo: esa campaña, el Tenerife sumaba 15 derrotas en 18 desplazamientos. Y ya encadenaba once traspiés consecutivos. De hecho, el único triunfo como visitante se produjo ante un Betis en inferioridad numérica y era casi un recuerdo lejano en la noche de los tiempos. Por eso, aquel jueves, tras perder ante el Córdoba, el Tenerife era un equipo muerto. Al tercer día, resucitó. Lo hizo el domingo 2 de junio de 1957 sin salir de la provincia. Fue en la localidad de Puente Genil y con el mismo 'once' que había sido vapuleado en la capital cordobesa: Santos; Tosco, Lozano, Óscar; Villar, Alemán; Tomás, Julio, Antonio, Tomás y Saavedra.  

A los siete minutos de partido ya ganaban los blanquiazules después de que Antonio rematara un centro de Julio en el corazón del área. Y a los 25 minutos, Antonio lograba su segundo tanto “tras filtrarse entre la defensa local y lanzar un durísimo disparo que colocó el balón en el ángulo superior derecho de la portería de Torillo”. La sentencia llegó antes del descanso, cuando Juan Padrón hizo el 0-3 con un disparo a media altura. Y ya en la segunda mitad, a siete minutos del final, Julito cerraba el marcador y la goleada (0-4) tras “avanzar por la banda derecha y ejecutar un magnífico disparo cruzado desde el vértice del área”. Los 'muertos' que se habían llevado siete goles el jueves anterior cincuenta kilómetros al norte, se iban ese día de Puente Genil entre aplausos... pese a mandar al equipo local al descenso. 

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Formación del Tenerife en el curso 56-57

Una semana después, el Tenerife sufría para ganar (2-1) al Castellón... tras remontar en sólo dos minutos un marcador adverso. Y en la última jornada certificaba la permanencia con una goleada (5-0) al Ceuta con un 'hat trick' de Juan Padrón. Y gracias a esas tres victorias consecutivas, hasta pudo eludir la promoción; eso sí, tras un triple empate con Alicante y San Fernando que le favoreció. Pero la clave estuvo en su resurrección en Puente Genil, cuando tres días antes todos daban por muerto a aquel Tenerife. De no haber ganado ese domingo, hubiera regresado a las catacumbas del fútbol regional.