¡Mamá, en la calle me llaman xennial!

Pero tranquila, no es un insulto. Eso creo yo, vaya. Ahora nos han puesto nombre a los nacidos entre 1977 y 1983. A ver lo que nos dura...

Nacer en los años en que se estrenaron las películas de la trilogía original de los episodios IV, V y VI de 'Star Wars', hacer una recopilación de canciones en cintas de 90 minutos o tener pesadillas con el ruidito de Internet pre-ADSL merecía tener una generación con nombre rimbombante.

La verdad es que no me sentía cómodo con el término "millenial". Más que incómodo, me sentía viejo. ¿Un "millenial" con dos niñas que no tuvo móvil casi hasta que llegó a la universidad? No, está claro que no soy la generación de futuro...

La "Generación X" tampoco me identifica demasiado. Esa gente nacida después del baby boom, en los años 60, que animaba sus fiestas con música grunge me resulta muy lejana. ¿¿Alguien recuerda el grunge?? Sí, escuchamos a Nirvana hasta quemar las cintas, pero éramos demasiado jóvenes para ir a sus conciertos.

Pues ahora estoy de enhorabuena: a nuestra generación bisagra la llaman "xennial". ¡Ya tenemos nombre!

Aunque se ha puesto de moda recientemente, el término xennial parece que se acuñó en 2014 y se definió como “una microgeneración que funciona como puente entre el descontento de la Generación X y el alegre optimismo de los millennials”, pero “sin estar tan enfadados como la Generación X ni tan seguros como los millennials”.

Si algo yo creo que nos identifica a las personas de mi generación es que seremos los últimos que recordaremos cómo era la vida antes de Internet. La realidad es que yo viví muchos años sin Internet y sobreviví...

Recuerdo con cariño cuando tenía que llamar desde el teléfono fijo de casa o desde una cabina (sí, en Miranda de Ebro y en muchos otros lugares era algo habitual) a la chica que me gustaba para hablar con ella, mientras rezaba para que no me contestara primero su padre o su madre. He comprado cintas de cassette durante mucho tiempo porque ése era el único modo de poder escuchar la música que te gustaba en el momento en que quisieras (gracias al boli BIC y al walkman) y aún recuerdo con nostalgia las horas que pasé esperando en la calle sin que nadie pudiera avisarme de que llegaba tarde...

¿Tú viviste los auriculares de espumilla? ¿Tienes una cuenta hotmail, terra u ole? ¡Pues yo sí! ¡Toma ya!

¿Y cuántos pueden decir que han usado una máquina de escribir? Cuántas tardes pasé en casa mis abuelos escribiendo sin parar... y como te equivocaras... ¡¡a empezar de nuevo!! Eso era lo peor, sí... cada vez que ibas a pulsar una tecla tenías que mirar dos o tres veces para asegurarte que era la que querías pulsar... ¡qué tiempos! ¿Tecla de retroceso? ¡Vade retro!

¿Y cuántos podrán contar a sus hijos que enviaban cartas escritas a mano? ¡Ay, esas cartas de amor de la adolescencia...! No sé si habré echado más cartas al buzón o a la papelera (no a la del PC, sino a la que tenía bajo el secreter), pero enfrentarse a una hoja en blanco con un bolígrafo en la mano es una experiencia inolvidable.

Pero mamá, ¿a que no todo era tan analógico?. Aún guardo en un cajón el Nokia 3310 azul. Sí, ese que tenía el juego de la serpiente. ¿Conexión a Internet? ¡Para qué! ¡Vaya años!

A diferencia de los millennials, la tecnología era algo simpático y cómodo, no el centro neurálgico de la vida social en lo que se hay convertido hoy en día.

Mamá, ¿recuerdas que no podíamos hablar por teléfono cuando estábamos conectados a Internet? ¿Y cómo sonaba cuando me conectaba desde mi cuarto? Qué tiempos...

Es evidente que mi generación tuvo una infancia y adolescencia sin Internet ni teléfonos móviles pero, en su madurez, se ha sumado al carro y ahora muchos son usuarios avanzados. ¡Algunos hasta nos ganamos la vida con estas cosas! Sí, vivimos pegados al móvil como los millennials, pero no entendemos 100% Snapchat, ni las Stories de Instagram... y mejor dejamos a los YouTubers para otra ocasión.

No somos el futuro ni el pasado. Crecimos con una tele mediocre (salvando el Un, Dos, Tres, claro) y una selección de fútbol que perdía siempre en cuartos. Somos tristes, cínicos y bastante quejicas. Los xennial envejecemos, engordamos y perdemos pelo. Sí, ¡¡pero al menos ahora tenemos nombre!!