Victoria sin dormir

En aquel tiempo, cada viaje del Tenerife era un suplicio. Y no tanto por el mal estado de los aviones, las guaguas o las carreteras de este país llamado España, que también. El que efectuó en la recta final de la temporada 87/88 a Cartagena tuvo propina. El programa habitual ya era agotador: madrugón sabatino para coger la guagua en el Heliodoro que trasladara a la expedición al aeropuerto Reina Sofía (aunque los que vivían en Tabaiba, que no eran pocos, podían subirse en la autopista del Sur), molesta espera, viaje en avión a Madrid, recogida de maletas y material, almuerzo en Barajas o en carretera... y tropecientos kilómetros en incómoda guagua hasta el destino final, que esta vez era Cartagena. Al llegar a la meta, la expedición blanquiazul se encontró con una sorpresa inesperada: el director del hotel contratado se negaba a darles cobijo. Y al tiempo, esgrimía y agitaba con energía unas facturas impagadas de años anteriores. De abril de 1986, concretamente.

El responsable del establecimiento sólo ofrecía una solución para que la expedición blanquiazul pudiera descansar en las habitaciones: pagar de inmediato. Todo. Los atrasos de la última visita, junto a los gastos de alojamiento de esa noche. Y no atendía a razones. Los directivos blanquiazules lo intentaron: “tiene usted razón, pero aquí no tenemos efectivo y…”, “es que un sábado por la noche, con los bancos cerrados…”, “mañana es domingo, pero le prometemos que el lunes a primera hora…”, “nos hacemos cargo aunque estas deudas sean de otra directiva anterior, pero ahora…”, “comprenda usted que los jugadores vienen muy cansados y…”. Nada. Ni caso. Tras casi una hora de negociación, abandonaron el hotel. Y luego, con dinero, obviamente, 'convencieron' al chófer del autocar, que ya había cumplido su horario, para que buscara otro establecimiento. En Cartagena era imposible, pues el director del hotel les advirtió de que sus colegas estaban avisados y que no iban a admitir morosos. 

Así que, en medio de la noche, la expedición blanquiazul se fue hasta Murcia. O a Mazarrón, según otras versiones de los que allí estaban. Era de noche y los jugadores no tenían muchas ganas de mirar el paisaje por la ventanilla del autocar. “Casi una hora estuvimos dando vueltas”, coinciden los futbolistas consultados, incapaces de precisar el destino final. Sí recuerdan que llegaron a un hotel, “donde había unas camas en las que poder descansar un ratito”. Pocas horas después, tras otro madrugón para llegar a tiempo a Cartagena, el 24 de abril de 1988, muertos de cansancio y casi sin dormir, se jugaban la permanencia ante el Cartagena, un rival directo. El Tenerife había ganado el domingo anterior al Castellón, pero aún seguía a tres puntos de la zona de descenso. No podían fallar y el técnico, Pepe Alzate, apostó ese día por: Aguirreoa; Isidro, Quique Medina, Sirvent, Luis Delgado; David, Guina, Mínguez (Julio Suárez, 62’), Víctor; Chalo y Rommel (Noriega, 82’).  

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Formación del CD Tenerife, temporada 87-88

 El partido fue pésimo, pero a quince minutos del final Julio Suárez acertó a culminar un contragolpe que hundía al Cartagena y salvaba al Tenerife. Luego, tras la ducha, otro suplicio: la vuelta a casa con carretera hasta Madrid.