Víctor: el regreso de la clase

La Alternativa Blanquiazul que lideraba Javier Pérez conquistó la presidencia del CD Tenerife en el verano de 1986 con la promesa de repescar a los mejores jugadores tinerfeños. Entre ellos estaban David Amaral o Salvador 'el Gomero'. Y también Víctor Celso Alberto Brito (Tenerife, 1959), que volvía a casa tras una excursión de media docena de años por Las Palmas, Linares y Murcia, en la que acumuló un ascenso a la élite con los de La Condomina y un total de 72 partidos y once goles en Primera División.

Era un futbolista singular. A Víctor nadie le vio correr, pero sí llegar al balón antes que el rival. Y jamás se le ocurrió saltar mucho, pero se cansó de marcar goles de cabeza. Y aunque no era un malabarista, colocaba la pelota donde quería. Y sin pegarle fuerte al balón, sus disparos lograban enorme velocidad y la memoria blanquiazul guarda un puñado de excelentes goles logrados desde fuera del ártea, especialmente en el Luis Sitjar, su campo talismán. Y así, sin grandes condiciones físicas, sobrevivió en el fútbol profesional durante doce años.

Lo hizo con mucha inteligencia y algo tan difícil de definir como la clase. Además, sin necesidad de dar gritos en el césped, era un líder. Ya lo de mostró de pibe, con sólo 18 años y aún sin bigote, en el histórico San Andrés que logró el ascenso a la Tercera División nacional, lo que hoy es la Segunda División B. En el decisivo partido ante el Tenisca, con el viejo campo de Las Teresitas abarrotado y entre veteranos como Juanito Herrera, él fue el encargado de transformar el penalti que abrió la victoria de su equipo. Meses después ya estaba en el Tenerife.

Víctor debutó como blanquiazul en Segunda División B y dos cursos en esa categoría, en los que hizo 26 goles, le bastaron para fichar por la UD Las Palmas, entonces en Primera División. De vuelta al Heliodoro, con 27 años, tardó poco en demostrar que el talento seguía intacto: marcó dos goles en el debut liguero ante el Poblense. Y tres días después le hizo otros dos a su querido San Andrés en Copa del Rey. Y a la séptima jornada llegó con seis tantos convertidos en el campeonato, el último de los cuales había servido al Tenerife para ganar en Lugo (0-1) y ponerse líder.

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Víctor en una imagen de la época.

Unas molestias físicas le obligaron a parar y se generaron dudas: “Es un buen fichaje, pero…”, “si estuviera sano, estaría en Primera División…”. Víctor cerró el debate el 16 de noviembre de 1986 con un 'hat trick' al Orense que daba la victoria (3-1) al Tenerife y lo consolidaba en el liderato de una Segunda B de 22 equipos en las que había cuatro ascensos directos. Martín Marrero jugó esa tarde con: Aguirreoa; Toño Hernández, Campello, Quique Medina, Sirvent; David, Salvador, Tata (Toño Reyes, 80’); Víctor, Julio Suárez y Lope Acosta (Kiko de Diego, 66’).  

Víctor abrió el marcador a los seis minutos, diez minutos después estableció el 2-1 y al inicio de la segunda mitad cerró la cuenta mientras el Heliodoro abroncaba al expresidente José López Gómez, que había embargado la taquilla. Meses después, el Tenerife lograba el ascenso a Segunda División e iniciaba una escalada que le llevaría a la élite. Y siempre con Víctor como pieza clave.