A mí también me robaron en La Riviera

Uno de las grandes excusas para viajar es asistir a un concierto. Yo lo suelo hacer mucho. El año pasado, fuera de Canarias, pude ver a Guns and Roses (Berlín y Moscú), Pearl Jam (Amsterdam) y Miguel Campello (Madrid).

Imagínate Madrid en el mes de diciembre. Con su frío, con su intenso ambiente navideño, con sus ‘chatos’ de cerveza a 1’50 euros, con sus bocadillos de calamares, con su chocolate con churros, y en este caso con ese maravilloso concierto de final de gira de Miguel Campello en la Sala La Riviera.

Un viaje de tres días, una manera intensa de hacer turismo que en esta ocasión me permitió el privilegio (gracias a mi amigo Javier San Juan) de asistir en la mañana del sábado a alguna de las clases de baile flamenco en la escuela Amor de Dios.

Un viaje redondo cuando además tienes la fortuna de conseguir un billete de avión por 30 euros (ida y vuelta) y una estancia Airbnb por tres noches por algo más de 70 euros. Todo bien, hasta que a uno se le ocurre la inocente idea de pedir una caña en la Sala de La Rivera. Imagínense el vaso de plástico de toda la vida… a 6 euros. Lo que se dice un robo.  

Por cierto, el concierto fue una maravilla. Con la sala llena, con una puesta en escena especial para esta despedida de gira de Agua, Pan, Amor y Vino, y un Miguel Campello que tiene tantas personas enamoradas de él como seguidores.