Pregúntale al polvo

Arturo Bandini es el “alter ego” de los grandes silencios, que suelen estar habitados por escritores en ciernes y proyectos creativos malogrados o por intensidades de onda emocional contenida en el centro encallado del hecho mismo de vivir. Arturo Bandini: el pobre y perfecto hambriento, descendiente de una humilde familia italiana, trabaja para ser un escritor con nombre. Trabaja escribiendo. Escritor minúsculo e imperturbable, conmovido por su propia brillantez desproporcionada y descubierta gracias a la distorsión de sus ojos solitarios. Trabaja y vive en una pensión sombría en el degradado barrio de Bunker Hill, lejos de cualquier centro apoteósico del placer y la gloria, en el universo de Los Ángeles de los años treinta del siglo pasado.

Arturo Bandini escribe y se alimenta de naranjas, que es el único alimento que sacia su desesperante deseo de comer. Escribe, soñando delirantes futuros en los que triunfará su talento literario incontestable, porque Arturo Bandini se siente grande, iluminado genio de lo nuevo, sin serlo. La humanidad entera debe leer su iniciática e impactante producción literaria. En el presunto ingenio de su creatividad, parece esconderse una ley de la compensación no escrita en ningún sitio, y que podría ser útil para equilibrar su vacío soterrado de corte existencial. En el carácter de Bandini hay mucho de claustrofobia y obstinación, porque todas las apuestas cerradas a un solo objetivo se traducen en una pertinaz lucha, en la que solo ve y siente una parte del mundo. Arturo Bandini es un austero superviviente que se mantiene milagrosamente vivo, en medio de una realidad que se inclina hacia lo trágico.

Pregúntale al polvo (1939 y editada en España con posterioridad por Anagrama “Panorama de narrativas”, junio 2001), es una novela sorprendente, sencilla y directa. Una obra relativamente poco conocida de un escritor relativamente desconocido. John Fante vive entre nosotros porque Bukowski, tan célebre representante de la desconsolada orfandad cuando no se tiene padre, lo adoptó como figura relevante y mentor. Pero antes de ser alguien para alguien, Fante era ya un impecable habilidoso que hacía poesía de lo sucio. El embellecimiento de ese realismo sucio, vinculado a los acontecimientos normales de la vida de cualquier ser humano. Pregúntale al polvo no es una historia de amor, aunque con Camila López, la camarera mejicana que trabaja en Buffet Hill, Bandini mantiene una tormentosa relación de amor, sumergidos ambos en la frustrante imposibilidad de acceder a la carne del deseo. Aman, pero sin dejar a un lado las doloras complicaciones de los seres dañados por la incapacidad de amar sin odio hacia sí mismos.

Junto a su compromiso intelectual sin fisuras, otro poderoso peso específico recurrente en el desarrollo de la novela: la espiritualidad. Nuestro querido personaje, consagrado a un catolicismo castrante, atiende, aunque titubeante, a los pertinentes florecimientos de la culpa que crea un irracional malestar por la práctica de los pecados. Pregúntale al polvo es la búsqueda de un hombre, tan irrelevante como el resto de hombres del planeta Tierra que, bajo la más absoluta y tenebrosa verdad de que un día morirán viven, buscando una gloria esquiva, sintiéndose relevantes y necesarios para el devenir del mundo. Arturo Bandani no es nadie o es John Fante o es un genial escritor que deja de ser un principiante obcecado y vanidoso y que busca el amor sin culpa, el amor exagerado y la sublimación de una escritura que asombre al mundo.

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