Viajar: una oportunidad para la transformación

En alguna ocasión me han preguntado por qué me gusta viajar tanto. Me quedo perpleja ante esta pregunta, porque viajar es algo que desde hace mucho tiempo da sentido a mi vida. Como dijo Mark Twain “viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente”.
Viajar por lugares desconocidos, dejando atrás el ajetreo del día a día, los compromisos, el trabajo, el confort de mi casa, el contacto con las personas que me rodean, mi familia, mis clientes… hace que algo cambie y se transforme de una manera muy profunda dentro de mí.

Recuerdo cuando estaba en la universidad y descubrí la posibilidad de empezar a viajar por todo el territorio nacional buscando espacios de aprendizaje e intercambio. Poder interactuar con alumnado y profesorado de otras comunidades autónomas, era algo que me nutría y me aportaba conocimientos, no sólo en lo académico y lo personal, sino también en lo paisajístico y lo culinario (esto siempre me ha fascinado)
Mis primeras salidas fueron a Europa, al finalizar el bachiller. Tuve la oportunidad de visitar Francia, Mónaco, Suiza, Austria e Italia, que me parecieron espectaculares. En aquella época todo me fascinaba. Miraba cada rincón con mucho asombro y no podía evitar establecer comparaciones entre nuestras Islas Canarias y aquellos lugares.

Creo que aquí empezó a germinar en mi la semilla de la curiosidad viajera. Eso me ha llevado a visitar otros continentes (América, África, Asia) y unos cuantos países. Ahora soy consciente de que cuando emprendo un viaje voy de una manera y que cuando vuelvo soy diferente.
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En cada viaje vivo una nueva transformación. | IMAGEN DE ELENA PÉREZ JERÓNIMO

Un viaje iniciático para mi fue el que hice a La India hace cinco años y que en febrero de este año he repetido. Casualmente, este verano he vuelto a Europa, con 30 años más, para visitar muchos de los lugares que mencioné anteriormente.

Y, como ha sido un año muy movido, me regalé también un viaje a Nepal y Bután del que he regresado hace unos días. Este último viaje ha sido para mí el viaje de la flexibilidad, el viaje del agradecimiento y el viaje de la presencia. Tres grandes aprendizajes que quiero compartir contigo. Tres claves que me ayudan a seguir transformando y transmutando para viajar más libre y serena en el viaje de la vida.

Flexibilidad para recibir lo que llegue cada día. Elegir un viaje de aventura entraña ciertos riesgos y la necesidad de tomar decisiones rápidas. Flexibilidad para adaptarme a las circunstancias y para decidir en consenso. Flexibilidad para fluir con la lluvia monzónica o el calor extremo. Para hacer frente a las sanguijuelas o para entender y hacerte entender utilizando, a veces, el lenguaje de los gestos y el corazón. Flexibilidad para llegar antes de lo previsto a un lugar y pensar ¿qué hago o no hago ahora? O para llegar tres horas después. Flexibilidad para cambiar de planes y disfrutar de lo nuevo que se abría ante nosotros.

Agradecimiento, en primer lugar, a mí misma por haberme permitido tomar un tiempo y un espacio para regalarme este viaje. Ya en destino, agradecer cada gesto amable, tener un lugar donde dormir, poder disfrutar de múltiples sabores nuevos, llorar y moquear con el exceso de picante y que el estómago supiera como responder ante tanta excitación. Agradecer una ducha de agua caliente, después de un día de trekking de más de 6 horas, en medio del macizo montañoso de Los Annapurnas. Dar las gracias por poder contemplar la magia de las cordilleras de Los Himalayas y la majestuosidad de sus montañas. Agradecer que la avalancha de tierra no nos haya pillado pasando en un vehículo o andando. Y esto me recuerda una y otra vez que, a menor expectativa menor frustración. Así que cuando viajo recibo lo que llega.
Presencia que en mi caso y, sobre todo en este viaje, fue de vital importancia. La presencia me lleva a estar abierta y despierta para que nada se me escape, para poder impregnarme y aprehender cada cosa que sucede a mi alrededor. Transitar por escenarios tan diferentes me ayuda a estar presente con todos los sentidos, con la cabeza y el corazón. Estar alerta me ha ayudado a viajar disfrutando de la observación y a viajar con pasión.

Cuando regreso a mi rutina, a mi día a día lo hago integrando todos estos aprendizajes. Espero que a ti también te ayuden a cambiar y transformar lo que tú desees.