Una imbatibilidad ‘inexplicable’

Una banda. Eso era el Tenerife en los primeros días de febrero del año 2005. Víctor Pérez Ascanio había cumplido ya dos años al frente de la entidad y –quizás más por culpa de sus colaboradores que de él mismo– había llevado el descrédito a la institución. Los poderes políticos y sociales le habían dado la espalda, económicamente no tenía un duro y la afición iba desertando en masa del Heliodoro. Y en el plano deportivo, tras las gestiones realizadas por Francisco 'Lobo' Carrasco, el primer equipo contaba con elementos como Fagiani, Limones, Dimitri o Linarés, amén del argentino Mariano Bombarda, de largo el jugador mejor pagado de la plantilla.

Pepe Moré había sido destituido en el cierre de la primera vuelta tras caer en Córdoba ante el colista y el nuevo técnico, José Antonio Barrios, no lograba enderezar el rumbo de una nave. El equipo blanquiazul no había marcado un gol bajo su mando, llevaba cuatro jornadas sin ganar y ocupaba la decimosexta plaza, a tres puntos del descenso. Y venía de caer (0-2) en casa ante el Valladolid en un partido en el que se autoexpulsaron el central César Belli y el lateral Fagiani. Y ante la inminente visita del segundo clasificado, el Alavés del tridente Nené-Bodipo-Rubén Navarro, no podía contar con el portero Kelemen y el lateral Edu Moya, lesionados. 

La situación invitaba a pensar en el descenso como en algo más que una posibilidad matemática. Entonces, en esas circunstancias, el Tenerife estableció su récord de imbatibilidad, que aún perdura. Todo empezó con un cambio de sistema de Barrios, que apostó por un 4-1-4-1 con el siguiente once tipo: Álvaro Iglesias; Iker Garai, Óscar Álvarez, Corona, Fagiani; Vitolo; Antonio Hidalgo, Jesús Vázquez, La Paglia, Raúl Martín; y Keko. Aunque Edu Moya, César Belli, Bermudo, Limones, Gavilán o Cristo Marrero también tuvieron protagonismo, pues las lesiones –y las sanciones– fueron una constante durante esta etapa. 

Y así, en medio del caos institucional y con dificultades extremas sobre el césped, el Tenerife se impuso sucesivamente a Alavés (1-0) y Ciudad de Murcia (0-1) para empatar luego ante Pontevedra (0-0) y Terrassa (0-0). Esos resultados le bastaron para alejarse de las posiciones de descenso. Y el posterior triunfo ante el Xerez (1-0) en el Heliodoro y el empate (0-0) frente al pujante Eibar de David Silva, le valieron para consolidarse en la zona tranquila de la clasificación. O lo que es lo mismo: el conjunto blanquiazul llegó al 27 de marzo de 2005 en la undécima plaza, viviendo de los monogoles de Keko y dispuesto a recibir al Lleida.  

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Álvaro Iglesias, posando con la camiseta del CD Tenerife

 Para entonces, su portero suplente, Álvaro Iglesias, sumaba 569 minutos de imbatibilidad y estaba a sólo 53 de batir el récord establecido en los años sesenta por Antonio Gómez. Ese domingo, en el Heliodoro, Álvaro Iglesias (Vizcaya, 1972) superó el récord de Gómez pero vio rota su racha cuando Javier Lezaun le batió a once minutos del final tras recibir un extraño pase de su compañero Sergio. Eso sí, lo difícil no es explicar cómo fue el gol, sino cómo pudo estar 648 minutos aquel Tenerife que sobrevivía en el caos.