Una exhibición inolvidable

El fútbol tinerfeño sufría a finales de los años veinte del pasado siglo una emigración masiva y los mejores jugadores de la Isla recalaban en los clubes peninsulares, donde algunos eran figuras relevantes. Ya en 1929, la organización del I Campeonato Nacional de Liga acentuó la diáspora. Y la creación de una Segunda División –con veinte equipos repartidos en dos grupos– hizo que el profesionalismo se extendiera por toda la Península.

Pocos se resistieron a la llamada del dinero y unos torneos con repercusión. Y en enero de 1930 se contaban ¡34 futbolistas canarios en los clubes peninsulares de las dos principales categorías nacionales!, territorio vetado, por razones de lejanía, a los equipos canarios. Mientras, en la Isla, daba inicio el III Campeonato Insular con los 'cinco grandes': Tenerife, Real Unión (el antiguo Fomento, una vez adquirida su condición de Real), Salamanca, Iberia y Hespérides.

Con Pelayo López en la presidencia, el Tenerife mantenía un bloque notable... y su rivalidad con el Real Unión. Con Cayol, Llombet, Basilio, Esquivel, Torres, Arroyo, Morales o un joven Rancel, los blanquiazules le mantuvieron el pulso a los del barrio de El Cabo, donde brillaban Ramón Mesa y Quico Tejera. El título se decidió en la última jornada en un abarrotado campo de La Avenida (donde ahora está el Intercambiador) y el 0-0 final dio el campeonato al Real Unión.

Subcampeón insular, el Tenerife fue eliminado en una semifinal del Campeonato de Canarias por el Real Victoria, que obtendría un título regional que, por primera vez, daba derecho a participar en la Copa del Rey. Allí, los grancanarios cayeron con el Español tras apear al Valladolid. Llegado el verano, el Tenerife fichó a Francisco Arencibia, un fenómeno de 18 que ya deslumbraba en el Hespérides y que tras la guerra civil sería figura del Atlético de Madrid.

El verano también sirvió para agasajar a los 'hijos pródigos' al volver a casa. A la cabeza de ellos, tres leyendas blanquiazules: Cárdenes, Semán y Arocha. No faltarían el homenaje en el Stadium –con un partido ante el Athletic Las Palmas– y la cena en el Gran Hotel Quisisana. Antes, el Tenerife acudió a una gira por Madeira y aquellas figuras del fútbol nacional no dudaron en jugar gratis para 'su' Tenerife, que ofrecería en Funchal una exhibición inolvidable.

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CD Tenerife de comienzos de la década de los 30.

Fue el 17 de julio de 1930 ante el Marítimo, con el que había un 'pique' desde que en 1923 los portugueses viajaron a Canarias. Y el balance era desfavorable para el Tenerife: un triunfo, tres empates y tres derrotas. Aquella tarde, en el estadio Radio Funchal, sobre un terreno de juego de césped desconocido para muchos, los blanquiazules firmaron una goleada (1-8) que asombró a todo Portugal. Arocha hizo tres goles, Torres y Semán marcaron dos y Rancel cerró la cuenta.

Todos merecen ser recordados con nombres y apellidos: Gilberto Cayol; Pepe Fernández, José García; Pancho Arencibia, Joaquín Cárdenes (Juan Esquivel, 46’), Juan García; Antonio Torres, José Rancel, Ángel Arocha, Bernardino Semán y Antonio Ramos. No sería ese el único partido que Arocha, Semán, Cárdenes y otros profesionales que hubo luego disputaron con el Tenerife en vacaciones. En sus equipos jugaban por dinero; para el Tenerife, por amor.

Eso sí, con el nuevo curso, nada cambio. Y continuó el goteo migratorio: Chicote (Iberia) se fue al Sporting de Gijón; Espinosa y Quico Tejera, del Real Unión, marcharon al Celta de Vigo; Aquilino Padrón (Iberia) se presentó con el Zaragoza; Adolfo y Timime, del Victoria, ficharon por el Betis...