Un huracán ante el Alavés

El Tenerife 75-76 firmó su gesta más importante en la década de los setenta al apear de la Copa del Generalísimo al Real Madrid. Lo hizo después de remontar en la primera eliminatoria un 1-0 adverso ante el Lagun Onak y, sobre todo, tras superar en una ronda posterior al Alavés, en una cita en la que el cuadro que entonces dirigía Felipe Mesones estuvo eliminado, descartado, excluido, liquidado, despedido… Vamos, que estaba fuera de la competición cuando, tras haber perdido ya en Mendizorroza en el partido de ida (1-0), en el choque de vuelta disputado en el Heliodoro caía por 0-2 a la media hora de juego.

La lógica invitaba en ese momento a olvidar el 'torneo del KO' para centrarse en la liga de Segunda División, una competición en la que, tras la disputa de 13 jornadas, el Tenerife era líder, con 16 puntos y dos positivos. Pero a lo largo su siglo de historia las palabras lógica y Tenerife nunca han conjugado bien. Ausentes Hugo Fernández y Ferreira por su condición de extranjeros, que entonces tenían prohibido disputar la Copa del Generalísmo, Mesones también prescindió en este choque de tres titulares habituales como Domínguez, Jorge e Illán, aunque aún no se había inventado el término rotaciones.

El Alavés estaba en zona de descenso, pero Ben Berek, su entrenador, salió con los mejores y sólo dio obligado descanso a sus dos delanteros extranjeros: el paraguayo Ortigosa y un joven punta argentino de veinte años llamado Jorge Valdano, que ya había marcado dos semanas antes en la visita liguera del Alavés al Heliodoro, un partido loco que iba 3-3 al cuarto de hora tras anotarse tres penaltis. En todo caso, el Tenerife salió en el compromiso copero con un 'once' reconocible: Lanas; Juan Miguel, Molina, Esteban , Kraus; Pepito (Movilla 66’), Salvador, Justo Gilberto, Medina; Toño y García Murcia (Román, 88’).

La buena marcha liguera y el apasionante reto de remontar un gol de desventaja hicieron que más de 10.000 espectadores acudieran al Heliodoro. A los tres minutos ya tenían ganas de irse, después de que Pana adelantara a los visitantes. Y antes de la media hora Uriarte establecía un 0-2 que parecía definitivo. La lógica, ya se ha dicho, invitaba a la rendición. Pero antes del descanso Medina hacía el 1-2. A los tres minutos de reanudarse el choque, Justo Gilberto empataba a dos. Quedaba tiempo para intentar la hazaña, pero el Tenerife se precipitó y Sánchez Martín pareció cerrar la eliminatoria a la hora de juego al convertir el tercer tanto visitante.

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Formación del CD Tenerife de la 75/76.

A veinte minutos del final, cuando el público desfilaba hacia sus casas porque el Tenerife parecía incapaz de marcar los dos goles necesarios para forzar la prórroga, García Murcia los invitó a quedarse a batir a Pereira –que luego haría carrera en el Valencia y el Atlético Madrid– y lograr el 3-3. Y cinco minutos más tarde Medina lograba el 4-3 que igualaba la eliminatoria, pues entonces no existía los de “en caso de empate [a goles en la eliminatoria], el gol fuera vale doble”. La prórroga fue un monólogo blanquiazul: Movilla hizo el 5-3 a los 100 minutos y Medina cerró su 'hat trick' y puso el 6-3 definitivo dos minutos más tarde en un Heliodoro enloquecido.

Meses después, el que caía eliminado era el Real Madrid. Pero la gesta no hubiera sido posible sin la épica remontada ante el Alavés una noche en la que la lógica invitaba a la rendición.